Sueños y discursos: 143

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



-¿Qué miras?
-Miro -respondí- al Infierno, y me parece que le visto otras veces.
-¿Dónde? -preguntó.
-¿Dónde? -dije-. En la codicia de los jueces, en el odio de los poderosos, en las lenguas de los maldicientes, en las malas intenciones, en las venganzas, en el apetito de los lujuriosos, en la vanidad de los príncipes, y donde cabe el Infierno todo sin que se pierda gota, es en la hipocresía de los mohatreros de las virtudes, que hacen logro del ayuno y del oír misas. Y lo que más he estimado es haber visto el Juicio, porque hasta ahora he vivido engañado, y ahora veo al Juicio como es, echo de ver que el que hay en el mundo no es juicio ni hay hombre de juicio, y que hay muy poco juicio en el mundo. ¡Pesia tal! -decía yo-; si de este juicio hubiera allá, no digo parte, sino nuevas creídas, sombra o señas, otra cosa fuera. Si los que han de ser jueces han de tener de este juicio, buena anda la cosa en el mundo; miedo me da de tornar arriba viendo que siendo este el Juicio se está aquí casi entero, y qué poca parte está repartida entre los vivos. Más quiero muerte con juicio que vida sin él.
Con esto bajamos a un grandísimo llano, donde parecía estaba depositada la oscuridad para las noches. Díjome la Muerte:
-Aquí has de parar, que hemos llegado a mi tribunal y audiencia.


Sueños y discursos de Quevedo

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