Sueños y discursos: 134

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



¿Qué dolor habrá de tan mal gusto que no se huya de los tuétanos por no aguardar el emplasto de Guillén Servén, y verse convertir en baúl una pierna o muslo donde él está? Cuando vi a estos y a los doctores, entendí cuán mal se dice para notar diferencia aquel asqueroso refrán: «Mucho va del c... al pulso», que antes no va nada, y solo van los médicos, pues inmediatamente desde él van al servicio y al orinal a preguntar a los meados lo que no saben, porque Galeno los remitió a la cámara y a la orina, y como si el orinal les hablase al oído, se le llegan a la oreja avahándose los barbones con su niebla. ¡Pues verles hacer que se entienden con la cámara por señas, y tomar su parecer al bacín y su dicho a la hedentina! No les esperara un diablo. ¡Oh, malditos pesquisidores contra la vida, pues ahorcan con el garrotillo, degüellan con sangrías, azotan con ventosas, destierran las almas, pues las sacan de la tierra de sus cuerpos sin alma y sin conciencia!
Luego se seguían los cirujanos cargados de pinzas, tientas y cauterios, tijeras, navajas, sierras, limas, tenazas y lancetones; entre ellos se oía una voz muy dolorosa a mis oídos, que decía:
-Corta, arranca, abre, asierra, despedaza, pica, punza, ajigota, rebana, descarna y abrasa.
Diome gran temor, y más verlos el paloteado que hacían con los cauterios y tientas. Unos huesos se me querían entrar de miedo dentro de otros; híceme un ovillo.


Sueños y discursos de Quevedo

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