Sueños y discursos: 127

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



Están siempre cautelosos y prevenidos los ruines pensamientos, la desesperación cobarde y la tristeza, esperando a coger a solas a un desdichado para mostrarse alentados con él, propia condición de cobardes en que juntamente hacen ostentación de su malicia y de su vileza. Por bien que lo tengo considerado en otros, me sucedió en mi prisión, pues habiendo, o por acariciar mi sentimiento o por hacer lisonja a mi melancolía, leído aquellos versos que Lucrecio escribió con tan animosas palabras, me vencí de la imaginación, y debajo del peso de tan ponderadas palabras y razones me dejé caer tan postrado con el dolor del desengaño que leí, que ni sé si me desmayé advertido o escandalizado. Para que la confesión de mi flaqueza se pueda disculpar, escribo, por introducción a mi discurso, la voz del poeta divino, que suena así rigurosa con amenazas tan elegantes:
. Denique si vocem rerum natura repente
. mittat et hoc alicui nostrum sic increpet ipsa:
. quid tibi tanto operest, mortalis, quod nimis aegris
. luctibus indulges?, quid mortem congemis ac fles?
. nam si grata fuit tibi vita anteacta priorque
. et non omnia pertusum congesta quasi in vas
. commoda perfluxere atque ingrata interiere:
. cur non ut plenus vitae conviva recedis?
. aequo animoque capis securam, stulte, quietem?


Sueños y discursos de Quevedo

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