Sueños y discursos: 099

Pág. 099 de 190
Sueño del infierno Francisco de Quevedo



-¿Quién eres tú -le pregunté-, que entre tantos malos eres el peor?
-Yo -dijo él- soy Mahoma.
Y decíaselo el tallecillo, la cuchillada y los dijes de arriero.
-Tú eres -dije yo- el más mal hombre que ha habido en el mundo, y el que más almas ha traído acá.
-Todo lo estoy pasando -dijo- mientras los malaventurados de africanos adoran el zancarrón o zancajo que aquí me falta.
-Picarón, ¿por qué vedaste el vino a los tuyos?
Y respondió que:
-Porque si tras las borracheras que les dejé en mi Alcorán les permitiera las del vino, todos fueran borrachos.
-¿Y el tocino por qué se lo vedaste, perro esclavo, descendiente de Agar?
-Eso hice por no hacer agravio al tocino, que lo fuera comer torreznos y beber agua; aunque yo vino y tocino gastaba; y quise tan mal a los que creyeron en mí, que acá los quité la gloria y allá los perniles y las botas. Y últimamente mandé que no defendiesen mi ley por razón, porque ninguna hay ni para obedecerla ni sustentarla, remitísela a las armas y metilos en ruido para toda la vida; y el seguirme tanta gente no es en virtud de milagros, sino solo en virtud de darles la ley a medida de sus apetitos, dándoles mujeres para mudar, y por extraordinario deshonestidades tan feas como las quisiesen, y con esto me seguían todos. Pero no se remató en mí todo el daño; tiende por ahí los ojos y verás qué honrada gente topas.


Sueños y discursos de Quevedo

Preliminares - El Sueño del Juicio Final - El alguacil endemoniado

Sueño del infierno - El mundo por de dentro - Sueño de la muerte