Sueños y discursos: 097

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Sueño del infierno Francisco de Quevedo



-Si eso fuera así, que murieran las almas con los cuerpos, malditos -dije yo-, siguiérase que el animal del mundo a quien Dios dio menos discurso es el hombre, pues entiende al revés lo que más importa, esperando inmortalidad, y seguiría que a la más noble criatura dio menos conocimiento y crió para mayor miseria la naturaleza, que Dios no, pues quien sigue esa opinión no lo cree.
Estaba luego Sadoc, autor de los saduceos. Los fariseos estaban aguardando a Cristo no como Dios, sino como hombre. Estaban los heliognostas, devictíacos, adoradores del sol. Pero los más graciosos son los que veneran las ranas que fueron plaga a Faraón, por ser azote de Dios. Estaban los musoritas, haciendo ratonera al arca a puro ratón de oro; estaban los que adoraron la mosca acaronita, Ozías, el que quiso pedir a una mosca antes salud que a Dios, por lo cual Elías le castigó. Estaban los trogloditas, los de la fortuna del cielo, los de Baal, los de Astarot, los del ídolo Moloch y Renfán de la ara de Tofet; los puteoritas, herejes veraniscos de pozos; los de la serpiente de metal; y entre todos sonaba la barahúnda y el llanto de las judías que debajo de tierra, en las cuevas lloraban a Thamuz en su simulacro. Seguían los bahalitas, luego la Pitonisa arremangada y detrás los de Asthar y Astarot, y al fin los que aguardaban a Herodes, y de esto se llaman herodianos. Y hube a todos estos por locos y mentecatos. Mas llegué luego a los herejes que había después de Cristo. Allí vi (¡oh, qué famoso espectáculo!) a Tertuliano, concurrente de los Apóstoles catorce años antes que Orígines, apóstata doctísimo, atormentado de sus errores y convencido de sí mismo. Luego fui, y llegando vi que antes de él estaban muchos, como Menandro y Simón Mago, su maestro. Estaba Saturnino inventando disparates.


Sueños y discursos de Quevedo

Preliminares - El Sueño del Juicio Final - El alguacil endemoniado

Sueño del infierno - El mundo por de dentro - Sueño de la muerte