Sueños y discursos: 089

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Sueño del infierno Francisco de Quevedo



-¡Oh, corvas almas, inclinadas al suelo, que con oración logrera y ruego mercader y comprador os atrevisteis a Dios y le pedisteis cosas que de vergüenza de que otro hombre las oyese aguardabais a coger solos los retablos! ¿Pues cómo más respeto tuvisteis a los mortales que al Señor de todos?, quien os ve en un rincón medrosos de ser oídos, pedir murmurando, sin dar licencia a las palabras que se saliesen de los dientes cerrados de ofensas: «Señor, muera mi padre y acabe yo de suceder en su hacienda», «Llevaos a vuestro reino a mi mayor hermano y aseguradme a mí el mayorazgo», «Halle yo una mina debajo de mis pies», «El rey se incline a favorecerme y véame yo cargado de sus favores». Y ved -dijo- a lo que llegó una desvergüenza que osaste decir: «Y haced esto, que si lo hacéis yo os prometo de casar dos huérfanas, de vestir seis pobres y de daros frontales». ¡Qué ceguedad de hombres, prometer dádivas al que pedís, con ser la suma riqueza! Pediste a Dios por merced lo que Él suele dar por castigo, y si os lo da, os pesa de haberlo tenido cuando morís, y si no os lo da, cuando vivís; y así de puro necios siempre tenéis quejas; y si llegáis a ser ricos por votos, decidme cuáles cumplís. ¿Qué tempestad no llena de promesas los santos, y qué bonanza tras ella no los torna a desnudar con olvido? ¡Qué de toques de campanas ha ofrecido a los altares la espantosa cara del golfo, y qué de ellas ha muerto y quitado de los mismos templos el puerto! Nacen vuestros ofrecimientos de necesidad y no de devoción. ¿Pedisteis alguna vez a Dios paz en el alma, aumento de gracia o favores suyos, ni inspiraciones? No por cierto; ni aun sabéis para qué son menester estas cosas, ni lo que son. Ignoráis que el holocausto, sacrificio y oblación que Dios recibe de vosotros es de la pura conciencia, humilde espíritu, caridad ardiente; y esto acompañado con lágrimas, es moneda que aun Dios (si puede) es codicioso en nosotros. Dios, hombres, por vuestro bien gusta que os acordéis de él, y como si no es en los trabajos no os acordáis, por eso os da trabajos, porque tengáis de él memoria.


Sueños y discursos de Quevedo

Preliminares - El Sueño del Juicio Final - El alguacil endemoniado

Sueño del infierno - El mundo por de dentro - Sueño de la muerte