Sueños y discursos: 086

Pág. 086 de 190
Sueño del infierno Francisco de Quevedo



Riose y replicó:
-No es sino que se destruyen fiándose de fabulosos semblantes, y luego dicen: «Pensé que no me obligara», «Pensé que no me amartelara», «Pensé que ella me diera a mí y no me quitara», «Pensé que no tuviera otro con quien yo riñera», «Pensé que se contentara conmigo solo», «Pensé que me adoraba»; y así todos los amantes en el infierno están por «penseque».
Estos son la gente en quien más ejecuciones hace el arrepentimiento y los que menos sabían de sí. Estaba en medio de ellos el Amor lleno de sarna, con un rótulo que decía:

No hay quien este amor no dome
sin justicia o con razón,
que es sarna y no afición.
amor que se pega y come.

-¿Coplica hay? -dije yo-. No andan lejos de aquí los poetas.
Cuando volviéndome a un lado veo una bandada de hasta cien mil de ellos en una jaula, que llaman los orates en el infierno. Volví a mirarlos y díjome uno, señalando a las mujeres que digo:
-Esas señoras hermosas, todas se han vuelto medio camareras de los hombres, pues los desnudan y no los visten.


Sueños y discursos de Quevedo

Preliminares - El Sueño del Juicio Final - El alguacil endemoniado

Sueño del infierno - El mundo por de dentro - Sueño de la muerte