Sueños y discursos: 029

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El Sueño del Juicio Final Francisco de Quevedo



En esto dieron con muchos taberneros en el puesto y fueron acusados de que habían muerto mucha cantidad de sed a traición vendiendo agua por vino. Estos venían confiados en que habían dado a un hospital siempre vino puro para las misas, pero no les valió, ni a los sastres decir que habían vestido niños Jesuses. Y así, todos fueron despachados como siempre se esperaba.
Llegaron tres o cuatro genoveses ricos pidiendo asientos, y dijo un diablo:
-¿Piensan ganar ellos? Pues esto es lo que les mata. Esta vez han dado mala cuenta y no hay donde se asienten, porque han quebrado el banco de su crédito.
Y volviéndose a Dios, dijo un diablo:
-Todos los demás hombres, Señor, dan cuenta de lo que es suyo, mas estos de lo ajeno y todo.
Pronunciose la sentencia contra ellos; yo no la oí bien, pero ellos desaparecieron.
Vino un caballero tan derecho que, al parecer, quería competir con la misma justicia que le aguardaba. Hizo muchas reverencias a todos y con la mano una ceremonia usada de los que beben en charco. Traía un cuello tan grande que no se le echaba de ver si tenía cabeza. Preguntole un portero, de parte de Dios, si era hombre, y él respondió con grandes cortesías que sí, y que por más señas se llamaba don Fulano, a fe de caballero. Riose un diablo y dijo:
-De codicia es el mancebo para el infierno.


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