Sueños y discursos: 027

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El Sueño del Juicio Final Francisco de Quevedo



Enfadose el avariento y dijo:
-Si no he de entrar no gastemos tiempo, que hasta aquello rehúso de gastar. Convenciose con su vida y fue llevado a donde merecía.
Entraron en esto muchos ladrones y salváronse de ellos algunos ahorcados; y fue de manera el ánimo que tomaron los escribanos, que estaban delante de Mahoma, Lutero y Judas, viendo salvar ladrones, que entraron de golpe a ser sentenciados, de que les tomó a los diablos muy gran risa de ver eso.
Los ángeles de la guarda comenzaron a esforzarse y a llamar por abogados los Evangelistas. Dieron principio a la acusación los demonios, y no la hacían en los procesos que tenían hechos de sus culpas, sino con los que ellos habían hecho en esta vida. Dijeron lo primero:
-Estos, Señor, la mayor culpa suya es ser escribanos.
Y ellos respondieron a voces, pensando que disimularían algo, que no eran sino secretarios. Los ángeles abogados comenzaron a dar descargo. Uno decía:
-Es bautizado y miembro de la Iglesia.
Y no tuvieron muchos de ellos que decir otra cosa. Al fin se salvaron dos o tres, y a los demás dijeron los demonios:
-Ya entienden.
Hiciéronles del ojo diciendo que importaban allí para jurar contra cierta gente, y viendo que por ser cristianos daban más pena que los gentiles, alegaron que el serlo no era por su culpa, que los bautizaron cuando niños, y así, que los padrinos la tenían.


Sueños y discursos de Quevedo

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