Sueños y discursos: 024

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El Sueño del Juicio Final Francisco de Quevedo



Admiráronse todos y dijeron los porteros que quién era, y él en altas voces respondió:
-Maestro de esgrima examinado, y de los más diestros del mundo.
Y sacando otros papeles de un lado, dijo que aquellos eran los testimonios de sus hazañas. Cayéronsele en el suelo por descuido los testimonios y fueron a un tiempo a levantarlos dos diablos y un alguacil y él los levantó primero que los diablos. Llegó un ángel y alargó el brazo para asirle y meterle dentro, y él, retirándose, alargó el suyo y dando un salto dijo:
-Esta de puño es irreparable, y si me queréis probar yo daré buena cuenta.
Riéronse todos, y un oficial algo moreno le preguntó qué nuevas tenía de su alma; pidiéronle no sé qué cosas y respondió que no sabía tretas contra los enemigos de ella. Mandáronle que se fuese por línea recta al infierno, a lo cual replicó diciendo que debían de tenerlo por diestro del libro matemático, que él no sabía qué era línea recta; hiciéronselo aprender y diciendo: «Entre otro», se arrojó.
Y llegaron unos despenseros a cuentas (y no rezándolas) y en el ruido con que venía la trulla dijo un ministro:
-Despenseros son.
Y otros dijeron:
-No son.
Y otros:
-Sí son.


Sueños y discursos de Quevedo

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