Sueños y discursos: 023

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El Sueño del Juicio Final Francisco de Quevedo



Comenzose por Adán la cuenta, y para que se vea si iba estrecha, hasta de una manzana se la pidieron tan rigurosa que le oía decir a Judas:
-¿Qué tal la daré yo, que le vendí al mismo dueño un cordero?
Pasaron los primeros padres, vino el Testamento Nuevo, pusiéronse en sus sillas al lado de Dios los Apóstoles todos con el santo pescador. Luego llegó un diablo y dijo:
-Éste es el que señaló con la mano al que San Juan con el dedo-; y fue el que dio la bofetada a Cristo. Juzgó él mismo su causa y dieron con él en los entresuelos del mundo.
Era de ver cómo se entraban algunos pobres entre media docena de reyes que tropezaban con las coronas, viendo entrar las de los sacerdotes tan sin detenerse. Asomaron las cabezas Herodes y Pilatos, y cada uno conociendo en el juez, aunque glorioso, sus iras, decía Pilatos:
-Esto se merece quien quiso ser gobernador de judihuelos-; y Herodes:
-Yo no puedo ir al cielo-, pues al limbo no se querrán fiar más de mí los inocentes con las nuevas que tienen de los otros que despaché; ello es fuerza de ir al infierno, que al fin es posada conocida.
Llegó en esto un hombre desaforado de ceño y alargando la mano dijo:
-Esta es la carta de examen.


Sueños y discursos de Quevedo

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