El cencerro de cristal
Simple​
 de Ricardo Güiraldes


El día se ha muerto.

Cerca, todo lo que cae bajo la luz borrosa de los faroles. Por trechos, agujeros de obscuridad, pedazos de desconocido, donde la imaginación puede crearlo todo.

A lo lejos, la masa densa de la montaña, sobre el cielo huyente, crea el horizonte. En sentido opuesto, donde la vista no alcanza, tierra y agua copulan idéntico beso.

Solo, muy solo, va el camino pequeño.

Pueblo de bambolla, nacido de ensueños voluptuosos. Aldea modesta, mejillón de la cima. Cielo. Montaña. Mar plegadizo, fuerte, monótono y grande.

Todo tañe en el Ángelus del campanario.



Beaulieu, 1912.