Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1824/Sesión del Congreso Nacional, en 13 de diciembre de 1824

CONGRESO NACIONAL
SESION 22, EN 13 DE DICIEMBRE DE 1824
PRESIDENCIA DE DüN JOSÉ GREGORIO ARGOMEDO


SUMARIO. —Cuenta. —Aprobación del acta precedente. —Cuenta i proyecto relativos a la enajenación de bienes nacionales. —Derecho de iniciativa del Gobierno i derecho de los Ministros a terciar en las discusiones. —Oficios del Gobierno. —Renuncia hecha por el señor Benavente de la diputación de los Ánjeles i llamamiento de los señores Cruz i Jarpa. —Renuncia del señor Trujillo. —Informe sobre una mocion para declarar nula la Constitución de 1823. —Mocion sobre las facultades del Congreso. —Sueldo de los empleados de Secretaría. —Proyecto de aumento de las fuerzas de línea. —Comisiones de reglamento. —Fijación de la tabla. —Acta. —Anexos.

CUENTAEditar

Se da cuenta:

  1. De un oficio en que el Supremo Director comunica haber sancionado el acuerdo que manda cesar en sus funciones judiciales durante el tiempo que el Congreso dure a todo empleado que sea a la vez diputado. (Anexo núm. 119. V. sesión del 4 de Diciembre de 1824 i documentos posteriores al Congreso Constituyente de 1828).
  2. De otro oficio en que el mismo Majistrado comunica haber impartido las órdenes convenientes para que miéntras dura el Congreso se sobresea en aquellas causas en que el diputado señor Baqueñano es parte. (Anexo núm. 120. V. sesiones del 9 i del 20.)
  3. De otro oficio en que el mismo Majistrado comunica haber impartido órdenes para que se proceda a practicar nueva elección de diputados por el partido de Melipilla. (Anexo núm. 121. V . sesiones del 9 i del 20 de Diciembre de 1824 i del 1.° de Enero de 1825.)
  4. De otro oficio con que el señor Ministro de Hacienda acompaña, para que se distribuyan entre los diputados, cuarenta ejemplares de la Memoria del ramo. (Anexo núm. 122. V . sesiones del 11, del 16 i del 20.)
  5. Por el señor Ministro de Hacienda, del actual estado de las enajenaciones de bienes nacionales, especialmente de las haciendas del Bajo i de lo Espejo i de un proyecto de lei que faculta al Gobierno para venderlos. (V. sesión del 11.)
  6. De una mocion del señor Cordovez para que se declare nula la Constitución promulgada en Diciembre de 1823. (V. sesión del 21 de Julio de 1824.)
  7. De una minuta de decreto que pre senta la Comision de Policía para fijar los sueldos de los empleados de Secretaría. (V. sesión del 11.)

ACUERDOSEditar

Se acuerda:

  1. Pasar en informe a la Comision de Hacienda, que se nombre per el Congreso, el proyecto del Gobierno i la mocion del señor Iñiguez sobre enajenación de bienes nacionales. (V. sesiones del 13, del 20 i del 22.)
  2. Dejar pendiente la resolución sobre la mocion hecha por el señor Vice-Presidente, don José Antonio Ovalle, para que se declare si el Gobierno tiene derecho de iniciativa i los Ministros el de terciar en las discusiones. (V. sesiones del 26 de Febrero de 1824 i del 3 de Enero de 1825.)
  3. No pudiendo el señor Benavente servir la diputación de los Anjeles por ser Ministro de Hacienda, llamar a su suplente don Luis de la Cruz i al diputado don Julián Jarpa. (Anexo núm. 123. V. sesiones del 2, del 20 i del 31.)
  4. Dejar para la sesión próxima la calificación de la escusa alegada por don Pedro Trujillo, diputado por Cauquénes, para no concurrir a las sesiones. (V. sesiones del 2 i del 20.)
  5. Pasar a la Comision de Constitución la mocion del señor Cordovez, para que se declare nula la Constitución promulgada en Diciembre de 1823. (V. sesion del 15.)
  6. Aprobar los sueldos fijados por la Comision de Policía a los empleados de Secretaría. (V. sesiones del 6 de Abril i del 7 de Diciembre de 1824, del 12 de Enero de 1825.)
  7. Pasar en informe a la Comision de Guerra i fecho a la de Hacienda la memoria del Gobierno sobre necesidad de aumentar a 8,000 las plazas del ejército de línea. (V. sesiones del 11 i del 20.)
  8. Aprobar los nombramientos hechos por el señor Presidente para componer las comisiones creadas por el reglamento interior. (V. sesión del 19 de Agosto de 1823.)
  9. Dejar en tabla para la próxima sesión la mocion del señor Cordovez para declarar nula la Constitución de 1823 i demás asuntos pendientes. (V. sesión del 15.)

ACTAEditar

Se abrió con asistencia de los señores Argomedo, Ovalle don José Antonio, Ovalle don Vicente, Gandarillas, Luco, Mendiburu, Fuenzalida, Arriagada, Calderón, Borgoño, Muñoz Bezanilla, Fernández, Pineda, Pérez, Vicuña, Campino, Henríquez, Merino, Elizondo, Meneses, Iñiguez, Echeverría, Muñoz, Ruiz, Elizalde, Torres, Montt, Baquedano, Albano, Eyzaguirre, Prieto, Larrain, Infante, Palazuelos, Huici, Hurtado, Caldera, González, Cordovez, Lazo i Ocampo.

Leida el acta de la anterior, fué aprobada i rubricada por el señor Presidente.

El señor Ministro de Hacienda, en virtud de la citación que se le mandó hacer en sesión anterior, se presentó a la Sala, i siendo invitado por el señor Presidente a que espusiese sobre el estado de los bienes nacionales (que se habian enajenado), dijo: que la única propiedad perteneciente a bienes nacionales que se habia enajenado era el sitio que ocupaba el terreno de San José en Valparaíso por haberse reconocido por los injenieros la mala situación en que estaba colocado; que las haciendas del Bajo i Espejo, que habian motivado la mocion, no pertenecían a esta clase sino al hospital militar, i que si se procedía a su enajenación, era de acuerdo con el mayordomo de él i de un modo que preparaba muchas ventajas al hospital. El señor Ministro cerró su alocucion, presentando un proyecto sobre enajenación de bienes nacionales i despejó la Sala.

El proyecto fué el siguiente:

  1. Queda facultado el Gobierno para enajenar todo fundo que por cualquier título pertenezca a la Nación i se halle improductivo.
  2. Lo queda igualmente para enajenar los demás, siempre que le dejen la misma renta bien asegurada a favor de la República.
  3. Los fundos que se hallan arrendado con lesión enormísima o aun enorme contra el Fisco, saldrán de nuevo a subasta pública según las leyes. —Diciembre 13 de 1824."

Se acordó que este proyecto, uniéndose a la mocion del señor Iñiguez, pasase a la Comision de Hacienda que se nombrase por el Congreso.

El señor Ovalle, don José Antonio, hizo mocion verbal para que decidiese el Congreso si el Gobierno tenia facultad para iniciar leyes, i sus Ministros entrar en discusión con los diputados , Se tomó en consideración i, despues de varias observaciones, no se resolvió.

Se dió cuenta por el secretario de varios oficios del Supremo Director. El número 2.° anunciando que ha comunicado órden al administrador de Correos para que despache, a la mayor brevedad, a sus respectivos títulos, las comunicaciones que se le remitieren de órden del Congreso; el 4.° indicando ha dado órden a la delegación de Quirihue para que en el dia proceda a la elección de nuevo diputado; el 5.° que ha dispuesto lo conveniente para el arreglo i organización de la Biblioteca Nacional; el 6.° acompañando una representación de don Nicolás Hurtado, como apoderado del vecindario de Melipilla; el 7.° incluyendo una nota del delegado de Melipilla, referente a la elección de nuevo diputado; el 9.° acusando recibo de la resolución congresal para que todo empleado que ejerza jurisdicción i que se halla actualmente de representante, cese en el ejercicio de sus funciones hasta la conclusión de sus sesiones; el 10 comunica haber ordenado que la Corte de Apelaciones i el delegado de San Fernando sobresean en el conocimiento de las causas que tiene pendientes el señor diputado Baquedano; i el 11 indicando que ha despachado la órden correspondiente a la delegación de Melipilla para que procedan a la elección de diputados.

Leyóse una nota del Ministro de Hacienda en que avisa que no habiéndole admitido el Supremo Director la renuncia que ha hecho de su destino, queda impedido para representar por el partido de Los Ánjeles. Se tomó en consideración, i se acordó se citase a don Luis de la Cruz, que estaba elejido suplente por aquella delegación, para que asistiese a las sesiones del Congreso, i que igual citación se hiciese al diputado don Julián Jarpa.

Se dió cuenta de la escusacion que ha elevado al Congreso don Pedro Trujillo, diputado por Cauquénes, del cargo de tal, por ser incompatible con el destino que actualmente ocupa. Se tomó en consideración, i se acordó se reservase su resolución para la sesión próxima en que se trataría sobre el lleno de la representación.

El señor Cordovez hizo la siguiente mocion:

"Pido se declare por la Sala si es o nó urjente la siguiente mocion:

"Lei. —Declárase nula la Constitución promulgada en Diciembre de 1823. —Santiago, Diciembre 13 de 1824."

Se mandó pasar a la Comision de Constitución para que informase en la sesión próxima.

El mismo señor hizo verbalmente mocion para que ante todas cosas se procediese a detallar i fijar las atribuciones del actual Congreso.

El señor Presidentei demás miembros no implicados de la Comision de Policía, en virtud del encargo que se les hizo por el Congreso en la sesión anterior, presentaron la siguiente minuta de decreto:

  1. Los secretarios gozarán la asignación anual de 2,000 pesos.
  2. El primer oficial de la Secretaría tendrá 1,000 pesos.
  3. Demás subalternos tendrán 500 pesos.
  4. El portero tendrá 300 pesos."

Fué aprobada esta minuta en todas sus partes.

La Memoria del Gobierno para que se aumente el ejército hasta el número de 8,000 plazas, se mandó pasar a la Comision de Guerra i despues a la de Hacienda.

El señor Presidente presentó a la Sala el siguiente nombramiento de comisiones:

Comision de Constitución

Don Joaquín Campino.

Don Bernardo Vera.

Don Isidro Pineda.

Don Diego Antonio Elizondo.

Don José Alejo Eyzaguirre.

Don Santiago Montt.

Don José Miguel Infante.

Comision de Hacienda

Don Camilo Henríquez.

Don Joaquín Prieto.

Don Fernando Elizalde.

Don Manuel Gandarillas.

Don Santiago Muñoz Bezanilla.

Comision de Justicia i Lejislación

Don José Gregorio Argomedo, cesando su presidencia.

Don Bernardo Vera.

Don José Antonio Ovalle.

Don Lorenzo Fuenzalida.

Don Pedro Palazuelos.

Don Santiago Pérez.

Don Francisco Vicuña.

Comision de Guerra i Marina

Don Francisco Calderón.

Don J. Manuel Borgoño.

Don Domingo Torres.

Don Santiago Luco.

Don Manuel Merino Bocardo.

Comision Eclesiástica

Don José Alejo Eyzaguirre.

Don Marcelino Ruiz.

Don José Gregorio Meneses.

Don Casimiro Albano.

Don Buenaventura Olmedo. Comision de Gobierno, de Relaciones Esteriores i Alta Policía

Don José Miguel Infante.

Don Isidro Pineda.

Don Francisco Fernández.

Don Casimiro Albano.

Don Manuel Iñiguez.

Comision de Policía, Educación i Beneficencia Pública

Don J. A. Huici.

Don Francisco Vicuña.

Don Juan Francisco Larrain.

Don José María Hurtado.

Don Antonio Mendiburu.

Comision de Comercio, Agricultura i Minas

Don J. José Echeverría.

Don Manuel Antonio González.

Don Gregorio Cordovez.

Don Rafael Eujenio Muñoz.

Don Francisco Caldera.

Comision de Poderes

Don Joaquín Campino.

Don Manuel Antonio González.

Don Vicente Ovalle.

Comision de Policía Interior de la Casa del Congreso

El Presidente.

Los dos secretarios.

Don Pedro Palazuelos, tesorero.

Don Francisco Fernández.

Comision para la inspección de diarios

El Presidente.

Los dos secretarios.

Don Casimiro Albano.

Don Santiago Muñoz Bezanilla.

En este estado, se levantó la sesión, anunciándose para la próxima la mocion del señor Cordovez i demás pendientes. —J. G. Argomedo. —Doctor Gabriel Ocampo.


Se abrió la sesión por el señor Presidente i se, leyó el acta del dia anterior, a la que el señor Albano dijo: Tengo que hacer una observación mui lijera i es que en la discusión pasada yo no hice mocion sobre que se declarasen las dietas, sino que sostuve el derecho de los diputados a las dietas, i así, pido que se indique así en el acta.

El señor Presidente mandó se hiciese lo que pedia el señor Albano.

También se mandó quitar del acta la indicación del señor Iñiguez, sobre que se pidan al Ejecutivo los estados de las entradas e inversiones del Fisco.

A este tiempo entró el Ministro de Hacienda, a quien se habia mandado llamar miéntras se leia el acta, i despues de un lijero intervalo que demoró el secretario en arreglar el acta, el señor Presidente dirijió la palabra al Ministro en estos términos:

El Congreso, señor Ministro, seguro de poder dar a los bienes nacionales una enajenación segura en la parte que corresponda al Gobierno, ha tenido a bien el examinar del Ejecutivo el estado en que se hallan estos bienes nacionales. Si US. tiene la bondad de hacer las esplicaciones, las indicará, satisfecho de que las oiremos con placer.

El señor Ministro. —Ya habia llegado a noticia del Gobierno la mocion hecha por un diputado sobre los bienes nacionales, ántes que el Congreso la pasase al Ministerio; como también que el autor de la mocion, para apoyarla, alegó tiranía del Gobierno, i que su alma, semejante a la de un Bruto, no temia grillos, cadenas ni destierros. El Supremo Director ha estrañado cómo el Presidente del Congreso ha permido se le trate de este modo con estos adefesios.

El señor Iñiguez. —Reclamo el órden, señor Presidente.

El señor Presidente. —Señor Ministro, esperábamos la moderación de US. en esta Sala como se exije de todos sus miembros. El Presidente jamas ha permitido que se insulte al Gobierno, ni lo permitirá miéntras ocupe este asiento; pero sí concederá a los diputados toda la libertad que necesitan para espresarse.

El señor Ministro. —Yo no he espresado ninguna palabra indecorosa.

El señor Presidente. — Sí, señor, esa palabra de adefesio es indecorosa delante del Congreso.

El señor Ministro. —Yo he venido a defender al Gobierno. Si éste habia usado de tiranía ¿por qué no mandó que se le delatase i el autor de la mocion no lo acusó? Si esa acusación hubiese sido hecha por un sujeto decidido a la causa de América i por un ciudadano amante a la libertad, se podria atribuir al celo por el bien de la Nación; pero cuando se hace por un recien convertido... (Asombro i ajilación en algunos diputados.)

El señor Iñiguez. —Vuelvo a reclamar el órden, i lo hago ¿porque se me insulta delante de la Sala.

El señor Presidente(tocando la campanilla). —He pedido moderación i tengo que exijirla de nuevo (al Ministro). Si US. no la ha de guardar, hace mui mal en perder el tiempo; solo ha sido llamado para que nos haga esplicaciones sobre el estado de los bienes nacionales. Si no lo hiciese así, en vano viene US. a pensionarse. El señor Ministro. —Me contraeré a dar cuenta de los bienes nacionales.

El señor Presidente. —Para eso solo ha sido llamado US.

El señor Ministro. —El primero ha sido el antiguo castillo de San José en Valparaíso. El Poder Ejecutivo se determinó a su enajenación por razones mui poderosas. Varias juntas de militares dijeron que era inútil para la defensa del puerto, pudiendo servir para almacenes, que son mui escasos en aquella poblacion, i proporcionar a ésta una recova cómoda que no la tiene. Efectivamente, ya se está construyendo una recova con que los pobladores de aquel puerto reconocerán la mano benéfica del Gobierno.

Parece que este fundo no se ha reclamado i al que solo parece dirijirse la mocion es a las haciendas del Bajo i Espejo. Nunca estos fundos han sido fiscales. Un católico bastante filántropo dejó estos bienes a beneficio del hospital de San Juan de Dios para que se hiciese una sala de nobles i para otros varios ramos del hospital. Estas haciendas, uno de los mayordomos del hospital administró i salió alcanzado en una porcion de miles; a mas se sabe que trató al hospital mal, como consta del espediente. El Gobierno pasó estos fundos al hospital militar i los arrendó en la miserable cantidad de 4,000 pesos.

Para cumplir mejor la voluntad del donante, ha determinado, con anuencia del mayordomo del hospital, se pusiese en hijuelas la mitad a venta i la otra mitad al 6 por ciento, i de este modo ocurrir a sus necesidades. Cuando el Gobierno determinó esta venta, tenia ámplia facultad de hacer esas divisiones por hijuelas; sin duda son favorables a la prosperidad pública; a mas que aumentan su valor, por la mitad al 6 por ciento debe dar mas de 4,000 pesos.

No hai mas fundo nacional en venta que unas tierras pertenecientes a regulares en el valle de Aconcagua. Ya se ha mandado suspender su venta. El único fundo que se ha vendido es el castillo de San José; si las haciendas del Bajo i Espejo no se vendiesen por el Gobierno, se venderían por el hospital, porque la utilidad que saca de ellas en el estado en que están es mui miserable.

Si el bien jeneral se interesa en estas materias, el Congreso, léjos de admitir la mocion, la desecharía como perjudicial; mas bien se podia conseguir este fin con una que va a hacer el Gobierno, ahora animado de los sentimientos del bien público. Nadie podrá acusar al Ministro actual ni al Gobierno de haber usurpado los derechos que no le corresponden.

La proposicion que el Gobierno hace ahora por mi conducto es ésta; la que me parece podrá sustituirse a la siguiente mocion. Por ella verá el Congreso que el Gobierno se interesa en el bien jeneral, que por [ menos ] de ella saldrán nuevos capitales al jiro. Esas hijuelas traen siete propietarios que producirán nuevas rentas, i a mas de esto se duplicarán las del hospital.

Los fundamentos en que se apoya la mocion, si la Sala los tiene a bien, los diré.

Leyó entonces las proposiciones que contenia la mocion, i luego las pasó al secretario.

El señor Presidente le dijo: que la Sala quedaba impuesta en la esposicion que habia hecho; que se tomaría en consideración, i se le llamaría a la Sala cuando se discutiese.

El señor Ministro despejó la Sala.

El señor Iñiguez. —Es preciso que esta mocion tenga primero las tres lecturas i que se declare urjente, i despues tendrá la discusión.

El señor Ovalle hizo mocion para que se declare si la Sala debia admitir a los Ministros a la discusión o solo a informar.

El señor Campino. —Cuando el ejemplo de todas partes no convenciese de que el que funda una proposicion asiste a su discusión, la práctica que se ha tenido hasta aquí en los cuerpos lejislativos debia obligarnos a conceder la asistencia de los Ministros a las discusiones. Me acuerdo haber presenciado los debates de la ratificación del tratado de Colombia en que asistía el Ministro. Lo que los cuerpos representativos sostienen es que, celosos de su libertad, hacen despejar la Sala a los Ministros al tiempo de la votacion; pero que el Congreso no quiera oir a los que deban estar mas impuestos en los asuntos que trata, es querer obrar sin datos i esponerse a muchos errores. El temor de su influencia no creo que sea capaz de sujetar a nadie.

El señor González. —Cualquiera que sea la resolución del anterior Congreso no es un motivo para que se dirija sobre esto el Congreso actual. Todavía creo que no se ha sancionado el reglamento interior; pudiera tratarse en él sobre el particular, o que la Sala resolviese si deban o no admitirse los Ministros a discusión i a notar esto en el reglamento. A mí me parece que jamas será conveniente que los Ministros entren en discusión con los diputados, sino solamente que puedan hacer mociones para que el Congreso las tome en consideración, si quiere, porque si se permite otra cosa el Poder Ejecutivo está en el Lejislativo, i ya el Congreso tendrá que recibir no solo al Gobierno sino también admitir al Ministro a discusión. Concedido esto, podrán asistir los Ministros cuando quieran, i el Congreso no tendrá hora segura, i estábamos siempre disputando con los Ministros, i el Congreso no podria dedicarse a los altos fines para que ha sido reunido. Yo pido que tome el Congreso en consideración esta materia, i agregue un artículo al reglamento que determine este asunto.

El señor Albano. —El reglamento, aunque se sancione, debe ser en términos que no obste las adiciones que convenga agregar; esta es la práctica de todos los cuerpos deliberativos.

Las reflexiones que ha hecho el señor preopi nante tienen bastante apoyo; pero ellas se fundan en cierta desgraciada desconfianza que hai siempre entre los miembros de la administración. Nada haríamos siempre que no haya confianza en los miembros de la administración i siempre que no obren a una en la felicidad pública. La administración no tiene un partido en el pueblo, tampoco lo puede tener el Cuerpo Lejislativo, i un cuerpo que debe salvara la Nación de las críticas circunstancias en que se halla debe ir siempre de acuerdo con el Ejecutivo; de lo contrario todo se frustrará i se perderá el Estado. Me parece que cuando nos ponemos en estos casos no debemos sujetarnos tanto a los principios sino al estado en que nos hallamos. Si las razones se acercasen es aplicarnos la verdad, serian susceptibles de la aceptación, pero cuando tienden a acriminarnos (si es posible hablar así) deben desecharse. No temo a los hombres ni creo que haya nadie que los tema; no temo a los Ministros ni creo que pueda haber un diputado que los tema; para las votaciones como para las discusiones no encuentro embarazo que asista. Si debemos tener esta desconfianza en el Ejecutivo es porque de otra manera no puede haber armonía. Yo conozco el país, estoi demasiado cierto en sus sentimientos ¿i qué ejemplo daríamos si chocásemos con el Gobierno? El efecto seria el rompimiento entre todos los pueblos que componen la República i traería consigo la anarquía mas terrible.

Mi voto es, sin fijar por ahora mi opinion, que se tome un temperamento; que no se agregue por ahora nada al reglamento; que se llame al Ministro a la discusión i que no temamos al mundo entero.

El señor Infante. —Creo que nos vamos desviando del órden que debemos llevar en tratar las materias del Congreso. Ántes todas cosas me parece que debemos traer a la vista la Constitución del anterior Congreso: consiguiente a eso veremos cuál es el carácter del actual Congreso. Sin que estemos penetrados de la investidura que reviste este cuerpo nada podemos hacer, i así de palabra protesto desde ahora i haré mi mocion por escrito mañana, que todo negocio se reserve hasta que no se declare este punto.

Pero ya que se ha tratado la materia sobre si deben oirse los dictámenes de los Ministros, diré cuatro palabras. En todas las naciones sábiamente constituidas no tiene el Ejecutivo otra facultad que, al tiempo de abrirse la Lejislatura, pasar una nota de todo lo que ha ocurrido i de todo lo que se necesita, i los diputados hacen sus mociones i el Congreso delibera lo que conviene a vista de esas noticias. ¡Pero admitir en el Congreso al Gobierno! Yo creo que puede ser un motivo de grandes males. En el parlamento inglés son tan celosos sus miembros, que basta que uno de ellos diga: Esto puede ser agradable al Poder Ejecutivo, para que se haga guardar el proyecto inmediatamente, Yo no aspiro ni deseo otra cosa que la independencia de ámbos poderes: que el Ejecutivo desconfie del Lejislativo, i el Lejislativo del Ejecutivo. Esta desconfianza es saludable i acarrea muchísimos bienes. He aquí el modo de que los dos poderes obren mejor.

Concluiré reiterando que mi voto es que nada se deba deliberar hasta que no sepamos cuál es el carácter del actual Congreso, a cuyo efecto he dicho que mañana haré mi mocion.

El señor Lazo. —Parece que cuando ha entrado a discusión este punto, estamos en el caso de decidirlo. Diré lo que me parece que se debe hacer sobre el particular. Me parece que si se admite al Congreso a un ministro del Ejecutivo, podrá admitirse a cualquier ciudadano, con la diferencia de que a éste no hai motivo de temer i al otro sí, por la influencia que puede tener en la Sala su presencia.

Un sabio escritor nos dice que si la sociedad es un bien, el Gobierno es un mal; si es un mal, debemos desconfiar de él, i si desconfiamos de él, ¿cómo lo admitimos en nuestras discusiones? Bien conocemos que el Poder Ejecutivo ha recaído en un individuo bien republicano; lo conozco bien; nunca se excede de lo útil. Jamas libertad de ningún individuo ha sufrido detrimento de él; pero sin embargo, debemos precavernos para lo sucesivo.

Yo creo, como ha dicho el señor preopinante, que esto será una desconfianza saludable, porque impone una especie de estímulo entre los dos cuerpos para obrar el bien. De este modo seremos mas felices que lo que somos, lograremos mas libertad i nunca entrarán en las discusiones los que no sean de este cuerpo.

El señor Henríquez. —No sé de dónde ha sacado uno de los diputados de que no entran los Ministros en el parlamento inglés. Las Gacetas están llenas de discusiones en que asisten los Ministros. En los impresos se encuentran los discursos que pronunció en la Cámara de los Comunes el señor Cohe. En ella tienen los Ministros su asiento señalado que se llama el ramo de los Ministros, no solamente para los Ministros sino trmbien para todos los oficiales del Ministerio. Por último, vemos que la felicidad de Buenos Aires ha provenido de haber asistido el señor Rivadavia a todas las discusiones; por sus discursos hacia ver i conocer a los diputados lo que con venia. Se dice que esas desconfianzas son saludables a un Congreso, i no recordamos las desgracias que han ocurrido en casi todas partes por ellas. Lo que se debe hacer es destruir toda desconfianza entre el Poder Ejecutivo, que tiene la fuerza, i entre el Lejislativo, que solo se apoya en la opinion, que es mui débil respecto de aquélla. Así, no conviene que haya desconfianza nunca.

El Congreso no puede impedir que el Ministro, que ha presentado un proyecto de lei, asista a su discusión porque si se discute éste i despues otro sin examinar si son de igual fuerza i valor, caeremos en muchos errores.

Me parece que debemos pensar en la defensa del país, tratar de arreglar la hacienda pública, dar ingresos al Erario; pero esto no lo podrá hacer el Congreso sin consultarlo con los. Ministros i discutir con ellos para hacer en todos los ramos de la administración todas las modificaciones que dicta la captura i la prudencia.

El señor Infante. —Cuando he dicho que en el parlamento inglés, si alguna vez sobre la lei que se discute algún diputado dice: Agradará su sanción o no al Ejecutivo se le castiga espresamente; lo trae Delolme en su constitución inglesa. Si el señor preopinante quiero verlo, es mui fácil. Si, pues, decir solamente Agradará al Ejecutivo es suficiente para hacer guardar el proyecto, el introducir a un ministro del Ejecutivo debia olvidarse para siempre.

Yo jamas me apartaré de que el Congreso llame a un ministro para que ipforme bien de palabra o por escrito. El Congreso debe permitirlo. Esto es cosa mui distinta; pero que asistan a las discusiones seria envolvernos en muchas cuestiones i quizá alarmaríamos a los pueblos.

Por ahora es preciso, como dije ántes, discutir sobre esa Constitución para, si es buena, aprobarla, i si es mala, para rechazarla; i su resultado será saber cuál es el carácter del actual Congreso: sepamos primero lo que somos i entonces podremos obrar.

El señor Campino. —En apoyo de lo que espuso ántes el señor Henríquez diré que debo insistir en una equivocación de hecho que ha sentado el señor preopinante. En el parlamento inglés están interesados los Ministros, i esta es la diferiencia esencial que existe hoi entre las Cámaras inglesas i francesas. En las primeras es indiferente la iniciativa de las leyes a los Ministros de la Cámara i en las segundas es esclusiva al Ejecutivo. El mismo Delolme lo dice. El Ejecutivo i Lejislativo no son poderes opuestos, como se cree, sino que son unos poderes combinados para obrar bien, si políticos rancios han dicho lo contrario, se debe atribuir a su ignorancia. La ruina de las Constituciones i la disolución de los Estados han provenido de estas ideas erróneas. Por eso es una cosa sentada en todas partes la combinación i armonía que debe reinar entre el Ejecutivo i el Poder Lejislativo. Creo que sola la incidencia en la materia ha podido traer a discusión un punto que no debia discutirse.

El carácter del actual Congreso es hacer todo aquello que sea conveniente al país. Las circunstancias en que se halla exijen mas que en ningún otro la asistencia de los Ministros.

Insisto de nuevo en que se oiga a los Ministros. El Congreso sigue en esto el ejemplo de todas las naciones bien constituidas i no los defectos que pueden tener los Gobiernos vacilantes i débiles de nuestros países. Esto lo exije la primera necesidad de todas, cual es el bien social.

Es bien estraño que se diga que los miembros del parlamento sean tan celosos de su libertad i se guarden tanto del Ejecutivo, cuando todo el mundo sabe lo que influye el Gobierno en su elección; pues que los mas son comprados por él. Vemos divagan sobre esto sin atender a que todos saben que estas divagaciones pueden inducir al país en prácticas perjudiciales.

El señor Cordovez. —Es preciso que se busque la verdad donde quiera que se encuentre, i por este principio creo que es de necesidad admitir al Congreso al Poder Ejecutivo para que nos instruya en los casos en que no tenemos datos. Creo, como todo amante de mi país, la necesidad de esta medida; pero el país está gobernado a medias o en tercio; no tenemos leyes fijas i seguras. Es preciso que el Congreso se determine a ello i que declare cuál es su carácter. Este es el paso primordial que debe dar el Congreso. Yo soi de opinion que, miéntras no entremos a tratar sobre esto, no se dé un paso sobre ningún otro asunto. Todavía no sabemos lo que somos, como ha dicho sábiamente un señor diputado. Estamos ya en estado de esto, pues ya se ha acabado el reglamento que debe rejir interiormente la Sala. Creo que no se necesita para esto mocion; creo que no se opondrá ningún señor diputado cuando se trate de esta constitución, i últimamente debemos dedicarnos a esto; porque ni los jueces saben la autoridad que tienen como que no hai una lei que la determine. Se ponen i se quitan jueces de letra a cada instante. Por lo tanto, pues, soi de dictámen (esta es mi opinion) que se trate sobre esta Constitución: Si es válida o nula, aunque ya está declarada nula formalmente.

El señor González. —Se me olvidó ántes esplicar en que solo creo deban asistir los Ministros, i dijo: que solo a dar un informe dijo el señor Camilo, que se debia tener una absoluta confianza en el Gobierno, i yo la tengo. Pero con esta confianza ¿refundiremos nuestras operaciones en el Ejecutivo? Es decir que no tenemos que hacer nada i mejor seria descuidar en el Ejecutivo i retirarnos a nuestras casas. Dijo también, que si tenemos esta desconfianza en el Ejecutivo era malo, también lo creo; porque el Ejecutivo tiene siempre la ventaja, cual es la fuerza. Los diputados, entre sí, discutiendo las materias, ninguno se lleva ventaja a otro, i si admitimos al Ejecutivo vamos a entrar en contradicciones con un individuo que nos lleva ventajas; ni tampoco es consiguiente a la libertad que deben tener.

El señor Albano. —Cuando hablé por la primera vez sobre la venida de los Ministros a discusión, cuidé muí bien de no dar mi opinion, i solo me dediqué a indicar la confianza que debíamos tener mútuamente todos los miembros de la administración, es decir, la confianza que debe reinar entre el Poder Lejislativo i Ejecutivo. Pregunto yo ahora: ¿Se quiere privar a los Ministros de la asistencia? Creo que no hai una necesidad de esta resolución. No pasarían muchos dias que, si se fijase esta proposicion o cualquiera otra conforme a ella, no se admitirían los Ministros a la discusión; pero el Congreso tendría que revocar este acuerdo porque en muchas proposiciones son necesarios los Ministros, i también debemos escusar una resolución que compromete el obsequio del señor Presidente, que se tomó la libertad de citar al Ministro a la discusión de este asunto. Para no comprometer su palabra, debemos llamarlo.

Yo no encuentro, señor, un motivo de temor en que vengan los Ministros, aunque venga el mismo jefe de la República, i que su máquina o su físico oprima mi voto.

Soi de opinion que, por la indicación que hizo el señor Presidente, venga el Ministro. Esto es, contrayéndome al presente caso, que despues, cuando se ofrezca, fijaré mi opinion.

El señor Iñiguez. —Se ha llamado al Ministro para que dé una cuenta de los bienes nacionales, i aunque cuando varió escandalosamente sobre este punto llenándome de insultos delante de la Sala, ¿se permitirá que vuelva otra vez?

La Sala determinó que se llamase al Ministro de Hacienda para la sesión en que se discutiese la mocion del Ejecutivo.

Se mandó pasar a la Comision de Hacienda esta mocion i la del señor Iñiguez.

El señor Presidente. —Anunció a la Sala que ya estaban todos los diputados distribuidos en comisiones, i leyó los nombres de los diputados que habia destinado a cada comision, con algunas cortas modificaciones; la aprobó la Sala.

Se leyó la minuta de decreto de la Comision de Policía sobre la asignación de sueldos de los oficiales de la Secretaría, i quedó conforme la Sala.

El secretario dió cuenta de varias contestaciones del Gobierno a los oficios que se le habian pasado por secretaría del Congreso sobre las resoluciones de la Sala.

Se leyó una mocion del señor Cordovez que decia así: "Declare la Sala si es urjente o nó la siguiente proposicion. "Declárase nula la Constitución promulgada en Diciembre del año 23."

Se mandó pasar a la Comision de Constitución para que informase acerca de la mocion el dia de la primera sesión.

El señor Infante. —Yo me persuado que este punto no necesitaba mocion alguna porque el objeto de nuestra comision es anular la Constitución; pero deberá estar señalado el acuerdo de la Sala i la forma que debe observarse para anularla, porque yo me persuado que el Congreso debia dar un manifiesto a los pueblos en que les indicase los motivos que hubo para anularla, para que ellos conozcan que obramos por convencimientos i queden satisfechos de la justicia que hai para dar este paso.

En este estado, se levantó la sesión.


ANEXOSEditar

Núm. 119Editar

Soberano Señor:

El Director Supremo de la República tiene la honra de dirijirse al Soberano Congreso acusándole recibo de su apreciable nota, fecha 9 del corriente, en que le comunica su soberana resolución, de que todo empleado que ejerza jurisdicción i que se halle actualmente de representante en el Congreso debe cesar i suspender sus funciones hasta la conclusión de sus sesiones; lo que con esta fecha se ha comunicado a los tribunales que corresponde.

El Director lo avisa al Soberano Congreso para su conocimiento, reproduciéndole los sentimientos de su distinguida consideración. —Santiago, Diciembre 11 de 1824. —Ramón Freire. —F. A. Pinto. —Al Soberano Congreso.


Núm. 120Editar

Soberano Señor:

El Director Supremo de la República tiene la honra de anunciar al Soberano Congreso que, con la fecha de hoi, se ha comunicado su soberana resolución tanto a la Corte de Apelaciones como al delegado de San Fernando para que sobresean en el conocimiento de las causas que tiene pendientes el señor diputado Baquedano, hasta que la Representación Nacional cierre sus sesiones.

El Director saluda al Soberano Congreso con el aprecio i consideración que acostumbra. —Santiago, Diciembre 11 de 1824. —Ramón Freire. —F. A. Pinto. —Al Soberano Congreso Nacional.


Núm. 121Editar

Soberano Señor:

El Director Supremo de la República tiene la honra de anunciar al Soberano Congreso que, con esta fecha, se ha despachado la órden correspondiente a la delegación de Melipilla, para que, sin pérdida de tiempo, se proceda a elejir un nuevo diputado en consecuencia de lo resuelto por la Representación Nacional.

Con este motivo, el Director Supremo saluda al Soberano Congreso, renovándole las protestas de su distinguida consideracion. —Santiago, Diciembre 11 de 1824. —Ramón Freire. —F. A. Pinto. —Al Soberano Congreso Nacional.


Núm. 122Editar

El Ministro de Hacienda tiene el honor de remitir al señor secretario del Soberano Congreso cuarenta ejemplares de la Memoria impresa que ha publicado sobre su Departamento, para que se sirva hacerlos repartir entre los señores diputados.

Con este motivo, saluda al señor secretario con toda consideración. —Santiago, Diciembre 11 de 1824. —D. J. Benavente. —Señor Secretario del Soberano Congreso.

Núm. 123Editar

El Congreso Nacional tiene acordado se reúnan a su seno todos sus diputados a la mayor brevedad, i siendo US. uno de ellos e interesante su asistencia, se lo hago entender, como uno de sus secretarios i por disposición del Congreso.

Tengo el honor de ofrecerme a US. con toda la sinceridad de mi distinguido afecto. —Secretaría del Congreso, Diciembre 20 de 1824. —Al señor Diputado don Julián Jarpa.