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Se vela a un muerto
de Juan Esteban Fagetti


El zaguán y dos ventanas
abren tres franjas de luz
con las que pudiera hacerse
triste, deleznable cruz.

Este velorio en el pueblo
es el último bastión
de vida. A un paso del alba,
lejos, suena una canción.

Las calles muertas de miedo.
Dan las 2 y viene a ser
con su luces el velorio
faro en el amanecer
de antaño pueblo ilusorio

Quien va por la calle piensa
en la fragante emoción
de las chicas que sonríen
ante el fúnebre cajón.

Y allá, al doblar una esquina
yendo hacia la madrugada
el muerto nos dice: toma
mi alma, y tenla, bien guardada.