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Ásperas Asturias,
que os alzais gallardas
a la vera vera
de la mar salada;
olas turbulentas,
férvidas resacas
que azotáis sus rocas
y laméis sus playas;
bosques rumorosos,
prados de esmeralda
que sacude el viento
y acaricia el aura;
valles apacibles,
rígidas montañas,
pinos de sus cumbres,
flores de sus faldas:
desde las llanuras
por el sol tostadas,
de aridez cubiertas,
de verdor escasas,
donde Manzanares,
entre arenas pardas,
su raudal mezquino
bebe a Guadarrama,
peregrino errante
vine a esta comarca,
sin vigor, sin fuerza,
sin quietud, sin calma.
La salud del cuerpo
sólo aquí buscaba,
y hallo al fin con ella
la salud del alma.
Fuertes asturianos,
bellas asturianas,
prole fiel de aquellos
que con noble audacia
tras de siete siglos
de ásperas batallas,
desde Covadonga
fueron a Granada:
¡Dios bendiga el suelo
que, con noble savia,
generoso cría
tan potente raza!
Cimas invencibles,
peñas escarpadas
no oprimidas nunca
de extranjera planta,
donde cada roca,
donde cada braña
un esfuerzo inspira
y un recuerdo guarda;
tierra venturosa,
tierra veneranda,
cuna de valientes,
núcleo de la patria:
mientras en civiles
luchas enconadas
sus antiguas fuerzas
pierde nuestra España;
mientras la bandera
de carmín y gualda
por sus propios hijos
ve despedazada:
mientras las naciones
antes tributarias
con siniestros ojos
miran nuestra infamia.-
en tus hondos valles,
en tus cumbres altas
en tus claros ríos,
en tus costas bravas,
todo cuanto alienta,
todo cuanto canta,
todo cuanto puede
conmover las almas,
selvas, mares, fuentes,
aves, flores, auras,
dicen a mi oído:-
«¡Patria! ¡Patria! ¡Patria!»