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Resucita San Francisco veinticinco muertos

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Resucita San Francisco veinticinco muertos
de Pedro Calderón de la Barca



Quintillas

Tirana la idolatría    
a su imperio mal regido,   
ignorante presidía   
en cuyo engaño el olvido   
muertas las almas tenía.  
 

Y entre ciegos pensamientos   
de adoraciones inciertas,   
los cuerpos como violentos,   
trayendo las almas muertas,   
eran vivos monumentos.     
 

Nuevo sol resplandeciente   
en oriente amaneció   
a su sueño dignamente;   
que como a dar luz salió   
empezó por el oriente.     
 

Y como del cielo dueño   
vertiese rayos de fe,   
en tan luminoso empeño   
forzoso a las almas fue   
despertar de largo sueño.   
 

Mucha fue la luz que dio;   
mas de la muerte jüez,   
mayor gloria mereció   
con alma que ya una vez   
helado el cuerpo dejó.     
 

Más luz le debe advertir   
quien llega a considerar   
que puede, a tanto dormir,   
el que duerme despertar   
y no el que muere vivir.   
 

Allí la piedra se ve   
que guía con pasos ciertos;   
pero aquí obrando la fe,   
para veinticinco muertos   
trompeta del cielo fue.    
 

Suena, y a su voz rendida   
la muerte su imperio siente   
y vuelve el alma ofendida:   
¿quién vio a la muerte obediente?   
¿quién vio a la muerte dar vida?   

¡Oh piadoso error del suelo!   
¡Oh no merecida palma!   
Que es más con piadoso celo   
quitarle a la muerte un alma   
que darle tantas al cielo.  
 

Vencedor divino y fuerte,   
¿quién habrá que no se asombre   
si vuestras glorias advierte,   
pues a Dios, en cuanto hombre,   
se pudo atrever la muerte     
 

y en desafío los dos   
victorioso habéis salido?   
¿Quién podrá atreverse a vos,   
pues os habéis atrevido   
a la que se atreve a Dios?    
 

¿Quién podrá miraros, quién    
aunque al sol sus rayos pida,   
si dais para eterno bien,   
no sólo a las almas vida   
pero a los cuerpos también?