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Pronunciamiento de los guardias civiles de Lima

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(Anuncio publicado por los Guardias Civiles de Lima en la sección remitidos del diario “La Patria”)


A S. E. el Presidente de la República:

Iluminado V. E. colocó al frente de la cartera de Hacienda a un hombre que nada ha dejado de desear al país, todo lo ha pensado, todo lo ha previsto; sus magníficos proyectos tan justos y equitativos, tanto para el presente como para el porvenir, han sido mirados por el verdadero pueblo como su áncora de salvación. Pero hay otro pueblo pequeño, que se llama aristocracia avara, miserable, enemiga del pobre y sanguijuela de los demás, que todo lo quiere para sí: gobierno, poder, influencia, destinos, riqueza y, últimamente, el memorable feudalismo de la Edad Media.

De ese pueblo pequeño, Excelentísimo Señor, sin corazón y sin conciencia, han salido los que se llaman diputados y senadores, los que por culpa suya, exclusivamente suya, tienen hoy reducido a una escasez, sin causa que lo justifique, al Ejército del Sur y a la reserva del resto de la república; los que no quieren contribuir al empréstito nacional, los que están apoyando la nueva y escandalosa emisión de billetes causa general del mal estado en que hoy nos encontramos…

El señor Dr. D. José María Químper, hombre de honrosos antecedentes, no podemos menos que decir y confesar a la vez, que tanto el año 1866 en que fue Ministro de Estado, como hoy que se encuentra en igual puesto, ha manifestado siempre gran inteligencia, independencia completa al favoritismo y de justicia recta, dotes poco comunes en las personas que hoy lo atacan tan descaradamente.

Nosotros, Excelentísimo Señor, los que componemos la Guardia Civil de Lima, los que estamos en campaña todo el año, los fieles custodios del orden público, los conservadores de la estabilidad de los gobiernos, los guardianes de la propiedad general; nosotros, repetimos, los que estamos insolutos en nuestros haberes de los meses de mayo, junio, julio y agosto [1879, nota del editor]; nosotros conocemos que quienes han creado esta situación son los hombres que forman el actual congreso, incapaces de salvar al país. Basta que el señor Ministro no haya nacido en su seno para que se opongan a cuanto parte de él, poniéndole barreras insuperables y formándoles situaciones bien difíciles, a fin de verse libres del látigo que más tarde caerá sobre sus espaldas a causa de sus premeditados errores”.

(*) Guillermo Thorndike, “1879”, Libre-1 Editores S.R.L., Lima, 1977, pp. 365 a 367.