Política de Dios, gobierno de Cristo: 332

Capítulo XXII
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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Cómo ha de ser la elección de capitán general y de los soldados, para el ministerio de la guerra: contrarios eventos o sucesos de la justa o injusta; y el conocimiento cierto de estas calidades
Post mortem Josue consuluerunt filii Israel Dominum, dicentes: Quis ascendet ante nos contra Chananaeum, et erit dux belli?
Tiene grandes prerrogativas la materia de la guerra y la elección de capitán general, para que a ella preceda el consultarla con Dios. Él se llama Dios de los ejércitos, y así le llama la Sagrada Escritura. David no tuvo guerra, ni se defendió de enemigos, ni los venció, sin que precediese esta consulta. De las acciones humanas ninguna es tan peligrosa, ni de tanto daño, ni asistida de tan perniciosas pasiones, envidia, venganza, codicia, soberbia, locura, rabia, ignorancia: unas la ocasionan, otras la admiten. Es muy difícil el justificar las causas de una guerra: muchas son justas en la relación, pocas en el hecho; y la que raras veces es justificada con verdad, es más raro limpiarse de circunstancias que la disfamen. Las que Dios no manda, desventuradamente se aventuran; y en las que él manda, no es dispensable, sin consultarle y sin su decreto, el nombrar capitán general que gobierne en ellas. Lo que en el Testamento viejo despachó el coloquio con Dios, hoy lo negocia la oración de Dios, los sacrificios. Los hombres juzgan de otros por lo que saben; es poco: por lo que ven; es corto: por lo que oyen; es dudoso: por felices sucesos; tiene menos riesgo, y el engaño más honesta disculpa; mas ninguna desquita los arrepentimientos de los días y de las ocasiones. Victorias conseguidas por estos medios, medios son de vencimientos y persuasión para ruinas. Es materia que está fuera de la presunción del seso humano.
Adviértase que no sólo se ha de pedir a Dios nombre capitán, sino que se ha de saber pedir, no para que los envíe ni los mande con las órdenes solas, sino quien vaya delante en la guerra y en el peligro: «¿Quién subirá contra el cananeo delante de nosotros?». No basta que vaya con ellos, si no va delante. Más importa que yendo delante le vean los soldados pelear a él, que no que yendo detrás vea él pelear a los soldados, cuanto es más eficaz mandar con el ejemplo que con mandatos; más quiere el soldado llevar los ojos en las espaldas de su capitán, que traer los ojos de su capitán a sus espaldas. Lo que se manda se oye, lo que se ve se imita. Quien ordena lo que no hace, deshace lo que ordena:
«Dijo el Señor: Judas subirá». ¡Breve y ajustado decreto? Elígeles el general, y con la condición que le piden. Dijeron: «¿Quién subirá delante de nosotros?». Responde: «Judas subirá». Saber pedir a Dios, es el arte de alcanzar lo que se pide.


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