Política de Dios, gobierno de Cristo: 312

Capítulo XXI
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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



En que se inquiere (siendo cierto que todas las acciones de Cristo nuestro Señor fueron para nuestra enseñanza) cuál doctrina nos dio con los grandes negocios que en las apariciones despachó después de muerto y resucitado, no pudiendo nosotros resucitar en nuestra propia virtud, y en elegir en apóstol a San Pablo después de su gloriosa ascensión a los cielos.- Es texto las apariciones y el lugar de los actos de los apóstoles.
El lado de los grandes príncipes, en algunos de los que abrigan con él siempre su valimiento, tiene la asistencia que la alma eterna en el cuerpo mortal; pues como ésta le disimula la corrupción, los gusanos y la ceniza, que en dejándole deshabitado se manifiestan, así aquél reprime el temor, la desconfianza y la incredulidad y otras cosas que valen por gusanos y horror. No consiente la familiaridad del príncipe que las advertencias leales, o las quejas justas, o las acusaciones celosas le descubran el asco que cierran los tales en los sepulcros de sus conciencias. No porque el monarca manda que no le desengañen, sino porque la gente engañada con el esplendor de la fortuna en que los mantiene siempre acerca de sí, o respeta su elección o la teme. Ignóranse los peligros que hay en los caminos, y los venenos que se retraen en las cavernas, y las fieras que se ocultan en los bosques, en tanto que el día con luz benigna desarreboza el mundo de las malicias de la sombra; empero en cayendo por su ausencia la noche sobre la tierra, a quien ciega y hace invisible, los ladrones se apoderan de los pasos, vuelan las aves enemigas del sol, las sierpes desencarcelan sus asechanzas, y los lobos aseguran los hurtos de sus dientes. Si un príncipe quiere saber las fieras que se emboscan en la felicidad de los que mal le asisten, hágalos unos días sombra, retíreles algunas veces sus rayos, déjelos (aunque sea por muy poco tiempo) a oscuras, y verá en qué sabandijas desperdiciaba sus luces, y cuánta más verdad debe a su noche.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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