Política de Dios, gobierno de Cristo: 276

Capítulo XVIII
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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



A quién han de acudir las gentes. De quién ha de recibirse. El crecer y el disminuir, cómo se entiende entre el criado y el señor. (Joann., 3.)
«Maestro, el que estaba contigo de esotra parte del Jordán, de quien tú testificaste, ves aquí que bautiza, y todos vienen a él. Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir alguna cosa, si no le fuere dada del cielo». Y más abajo dice San Juan, de San Juan Bautista: «Conviene que él crezca, y que yo me disminuya».
Cuando yo no supiera el oficio de San Juan Bautista, por las señas dijera que había sido valido de Dios hombre. ¡Cosa admirable, que en toda su vida no hubo otra cosa sino peligros, tentaciones, cárcel y muerte! Unos le ofrecen el Mesiazgo, que era el reino; otros le preguntan si es él, y lo dejan en su voluntad. El capítulo pasado todo fue peligros; que los favores y mercedes preferidas, para la verdad no son otra cosa. Aquí, santísimo Padre, hizo el séquito del privado el postrer esfuerzo, y con ser San Juan hombre enviado de Dios, porque era privado se le atrevió el chisme. Es la parlería de los caseros muerte doméstica del privado, enfermedad asalariada de la buena dicha. Vinieron sus discípulos a Juan, y dijéronle: «Maestro, el que estaba contigo de esa otra parte del Jordán, de quien tú testificaste, ves aquí que bautiza, y todos vienen a él». A otro ministro que a San Juan, puesto en privanza, estas palabras le llevaban al alma por los oídos todo el veneno del mundo, todos los tósigos que sabe mezclar la ambición. «Todos acuden al rey». Nueva de muerte para la envidia de un valido que tiene puesta la estimación en la soledad y desprecio de su príncipe. La lisonja mañosa gana albricias con los poderosos cuando les dice: Yermo está el rey, desierta la majestad, todos acuden a ti. Y si bien entienden éstos que valen la palabra «todos acuden a ti», cabeza es de proceso: el que se lo dice, más le acusa que le aplaude; los que acuden a él, menos le acompañan que le condenan. Tarde conocerá la mengua de su seso; que los que hizo pretendientes suyos la que llamó buena dicha, se los volverá fiscales la adversidad, poderosa para hacer estas transformaciones.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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