Política de Dios, gobierno de Cristo: 268

Capítulo XVII
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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



El verdadero Rey niño puede tener poca edad, no poca atención: ha de empezar por el templo, y atender al oficio, no a padre ni madre. (Luc., 2.)
Reversi sunt in Galilaeam in civitatem suam Nazareth. Puer autem crescebat, et confortabatur, plenus sapientia, et gratia Dei erat in illo. «Volvieron en Galilea a la ciudad suya de Nazareth. Y el Niño crecía, y se confortaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios era en él».
El rey niño, que crece y se conforta lleno de sabiduría, en quien está la gracia de Dios, excepción es de la sentencia temerosa de la Escritura Sagrada (traída en el capítulo antecedente próximo), en que con lamentación prevenida le declara por plaga de sus reinos. Ha de estar el rey lleno de sabiduría, porque la parte de su ánimo que de sabiduría estuviere desocupada, la tomarán de aposento o las insolencias o los insolentes. Ha de ser habitado el rey niño de la gracia de Dios. Tales y tan grandes preservativos ha menester la poca edad para reinar: oficio de gracia de Dios, no de hombres, que ha menester no sólo ser sabio sino lleno de sabiduría. ¿Cómo reinará quien no tiene años ni sabiduría, que no sólo no esté lleno de ella, sino yermo? ¿Cómo reinará quien no sólo no tiene gracia de Dios, antes tiene por gracia no tenerla? ¿Cómo reinará sin desgracia una hora quien sólo tiene en su gracia su divertimiento, su vicio y su ceguedad? Y el que tuviere con título de bienaventurado la gracia de este rey que no tiene la de Dios, ¿qué otra cosa tiene en la niñez de un príncipe, que un peligro forzoso, crecido de la licencia y asegurado en su rendimiento? No desmienten las historias estas palabras mías: rubricados tienen con su sangre estos malos sucesos aquellos criados que en las niñeces de los monarcas solicitaron por los doseles los cadalsos, y por la adoración los cuchillos.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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