Política de Dios, gobierno de Cristo: 254

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Otro concilio grande contra Cristo escribe San Lucas (cap. 22): «Juntáronse los ancianos del pueblo, los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y trajéronle a su concilio, y dijeron: Si tú eres Cristo, dínoslo». Traen a Cristo de unas juntas y concilios en otros, que es el modo de disimular el mal intento de los jueces contra la verdad y la inocencia: ingeniosa invención de la venganza y de la malicia. Responde Cristo, y da a conocer el fin del concilio y de los jueces: «Si os lo dijere, no me creeréis; y si os preguntare, no me responderéis». Que no creerían lo que Cristo nuestro Señor les dijese, ellos lo confiesan; pues en el concilio de Caifás, cuyo es este capítulo, lo que se temían era que todos creyesen en él. Señor: concilios en que se pregunta para no creer lo que se respondiere, y no se responde a lo que se pregunta, Caifás los preside, él los determina. Pilatos preguntó a Cristo: «¿Qué es verdad? Y diciendo eso se fue». Preguntar lo que no quiere oír el juez, imitación es de Pilatos: no sólo no quiso creerlo, sino que excusó el oírlo. Suele ser maña para colorar la maldad de un concilio abominable y de una sentencia sacrílega introducir en él jueces encontrados, porque se entienda no se ejecutó por un parecer. Mas, Señor, es de advertir que los malos ministros que se aborrecen por sus propios particulares, se reconcilian y juntan fácilmente para la maldad contra la inocencia de otro. Doctrina es que la enseña el Evangelio. «Despreciole Herodes con su ejército, y se burló de él vistiéndole una ropa blanca, y lo remitió a Pilatos. Y este día se hicieron amigos Herodes y Pilatos, porque antes eran enemigos entre sí». Herodes granjeó a Pilatos con la lisonja de remitirle la causa de Cristo y su sacratísima persona; y Pilatos se dio por obligado de Herodes con esta adulación; que no sin causa (ni por otra) habiendo dicho el Evangelista que aquel día se hicieron amigos, añade: «Porque antes eran enemigos». Lo que importa es que no entren en concilios, ni sean jueces Pilatos ni Herodes, ni Caifás, ni los que los imitaren; porque cuando estén encontrados, luego serán amigos que se ofreciere maldad en que puedan concurrir, agradeciendo cada uno a su enemigo la parte que le da de autoridad en ella contra la verdad.


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