Política de Dios, gobierno de Cristo: 167

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



En todos tiempos han tenido discípulos de esta acción los judíos. ¿De cuántos se lee que a sus príncipes les han hecho reinar con cañas, trocándoles en ellas el cetro de oro, para que su poderío se quebrante en ellos, y no ellos con él? Engáñanlos con decir los descansan del peso de los metales; y dicen que con las cañas los alivian, cuando los deponen. En el Hijo de Dios no lograron esta malicia, que con las palabras hacía vivir la corrupción de los sepulcros, que pisaba sólidas las borrascas del mar; que mandaba los furores de los vientos, y que muriendo dio muerte a la muerte misma, que hizo gloriosas las afrentas, y de un madero infame, el instrumento victorioso y triunfante de nuestra redención. Por esto los quebrantó con la caña; que en su mano derecha las cosas más débiles cobran valor invencible. Ya vieron estos flacos de memoria una vara en la mano de su siervo Moisen con un golpe hacer sudar fuentes a un peñasco, y con un amago fabricar en murallas líquidas el golfo del mar Bermejo; y pudieran creer mayores fuerzas y maravillas de la caña en la mano derecha de Cristo, que era su Señor. Empero tan fácilmente se cree lo que se desea, como se olvida lo que se aborrece. Los judíos escogieron la caña por instrumento de su venganza. En esta coronación se la pusieron por cetro, en el Calvario con ella le dieron en la esponja hiel y vinagre. No olvidan esta imitación con los reyes de la tierra los ruines vasallos, pues en viéndolos con sed o necesidad les dan la bebida en esponja, vaso que se bebe lo que los lleva. Señor, vasallos que hincan las rodillas delante de su rey, y le hincan las espinas de la corona que le ponen, no le adoran, no le reverencian: búrlanse de él y de su grandeza. Todo esto procede de los delirios que padecen los malos ministros que los gobiernan. Dos hemos examinado: veamos cómo procedió el tercero.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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