Política de Dios, gobierno de Cristo: 157

Capítulo IV
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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Las señas ciertas del verdadero rey. (Luc., 7; Matth., 11.)
Cum autem venissent ad eum, etc. «Como los varones viniesen a él, dijeron: Juan Bautista nos envía a ti, diciendo: ¿Eres tú el que has de venir, o esperamos a otro? En la misma hora curó muchos de sus enfermedades y llagas y espíritus malos, y a muchos ciegos dio vista. Y respondiendo Jesús, los dijo: Idos, y decidle a Juan lo que visteis y oísteis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos guarecen, los sordos oyen, los muertos resucitan.»
Estas palabras de los evangelistas son las verdaderas y solas señas de cómo y cuáles deben ser los reyes; no de cómo lo son algunos, que eso lo escribió Salustio en la Guerra de Yugurta, con estas palabras: Nam impune quaelibet facere, id est regem esse: «Porque hacer cualquier cosa sin temer castigo, eso es ser rey.» Puede ser que el poder soberano obre cualquier cosa sin temer castigo; mas no que si obra mal, no le merezca. Y entonces la conciencia con mudos pasos le penetra en los retiramientos del alma los verdugos y los tormentos (que divertido ve ejercitar en otros por su mandado), los cuchillos y los lazos. Si conociese que es la misma estratagema de la divina justicia mostrarle los verdugos en el cadalso del ajusticiado, que la que usa el verdugo con el que degüella, clavándole un cuchillo donde le vea, para hacer su oficio con otro que le esconde, sin duda tendría más susto, menos seguridad y confianza. Bien entendió David esta verdad; pues siendo rey que podía hacer, sin temer castigo de otro hombre, cualquier cosa, y que lo ejercitó en un homicidio y un adulterio, y en mandar contar su pueblo, no hubo pecado, cuando se vio en manos de los más rigurosos verdugos, y en el potro de su conciencia daba gritos, diciendo: «A ti solo pequé, e hice mal delante de ti.» Había el Rey pecado contra Urías, quitándole su mujer; y contra la mujer, dando muerte a su marido; y violo el ejército y súpolo todo su pueblo, y dice: «Pequé sólo a ti, y delante de ti hice mal.» Bien considerado, el Rey profeta dijo toda la verdad que le pedían las vueltas de cuerda que le daban. «Señor, yo soy rey, y si bien pequé contra Betsabé y Urías, y delante de todos, como el uno ni el otro, ni mis súbditos podían castigar mis delitos, digo que pequé a ti sólo, que sólo puedes castigarme, y delante de ti.» Extrañarán los poderosos del mundo que yo les represente un rey tendido en el potro, y dando voces. Sea testigo el mismo rey, óiganlo de su boca118: «Porque tus saetas en mí están clavadas, y descargaste sobre mí tu mano. No hay sanidad en mi carne delante de la cara de tu ira: no tienen paz mis huesos delante de la cara de mis pecados.» Él mismo dice que los cordeles se le entran por la carne y le quiebran los huesos. Y en el vers. 19, para que aflojen las vueltas, promete declarar: Iniquitatem meam anuntiabo. «Confesaré la iniquidad mía.» Lo mismo es que «Yo diré la verdad.» De manera que si los que reinan creen a Salustio, que su grandeza está en poder hacer lo que quisieren, sin castigo, David rey los desengaña, y sus propias conciencias. Ha sido necesario declararlos primero el riesgo y castigos que ignoran en reinar como quieren, para enseñarlos a reinar como deben con el ejemplo de Cristo Jesús.


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