Política de Dios, gobierno de Cristo: 145

Capítulo II
Pág. 145 de 389
Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Ni los ministros han de acriminar los delitos de los otros, queriendo en los castigos mostrar el amor que tienen al señor; ni el señor ha de enojarse con extremo rigor por cualquier desacato. (Luc., cap. 9.)
«Sucedió, cumpliéndose los días de su Asunción; y como afirmase su cara para ir a Jerusalén, y enviase mensajeros delante; y como yendo entrasen en la ciudad de los samaritanos para aposentarle, y no le recibiesen, porque su cara era de quien iba a Jerusalén; pues como lo viesen sus discípulos, Jacobo y Juan, dijeron: Maestro, ¿quieres que digamos que el fuego baje del cielo y los consuma, como hizo Elías? Y volviéndose, los reprendió y dijo: No sabéis de qué espíritu sois. El Hijo del hombre no vino a perder las almas, sino a salvarlas. Y fuéronse a otro castillo.»


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

Parte I

Capitulo-- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX - X -- XI - XII - XIII - XIV - XV - XVI - XVII - XVIII - XIX - XX - XXI - XXII -- XXIII - XXIV

Parte II

Capitulo-- I - II - III- IV - V - VI- VII - VIII - IX- X - XI - XII - XIII - XIV - XV - XVI - XVII - XVIII - XIX - XX - XXI - XXII - XXIII 1 - XXIII 2