Política de Dios, gobierno de Cristo: 144

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



¿Qué llama Dios ser rey? ¿Qué llama no serlo? Cláusulas son éstas de ceño desapacible para los príncipes, de gran consuelo para los vasallos, de suma reputación para su justicia, de inmensa mortificación para la hipocresía soberana de los hombres. Señor, la vida del oficio real se mide con la obediencia a los mandatos de Dios y con su imitación. Luego que Saúl trocó el espíritu de Dios bueno por el malo, y le fue inobediente, le conquistaron la alma, la traición, la ira, la codicia y la envidia, y en él no quedó cosa digna de rey. Quedole el reino: fue un azote coronado, que cumplía la palabra de Dios en la aflicción de aquéllos que pidieron rey y dejaron a Dios. Muchos entienden que reinan porque se ven con cetro, corona y púrpura (insignias de la majestad, y superficie delgada de aquel oficio); y siendo verdugos de sus imperios y provincias, los deja Dios el nombre y las ceremonias, para que conozcan las gentes que pidieron estas insignias para adorno de su calamidad y de su ruina. Saúl, a fuerza de calamidades y a persuasión de tormentos, lo llegó a conocer entre la envidia y el enojo, cuando oyendo cantar a las mujeres en el triunfo de la cabeza de Goliat: «Saúl derribó mil, y David diez mil», dice el texto sagrado, «se enojó demasiadamente Saúl, y le dio en cara esta alabanza, y dijo: A David dieron diez mil, y a mí me dieron mil, ¿qué le falta sino sólo el reino?». Conoció que era rey, y que merecía serlo, pues dijo que sólo le faltaba el reino. No conoció que se le difería Dios; porque por su dureza merecía que no le quitase en él la calamidad, ni le apresurase en David el remedio. A muchos, sin ser ya reyes, permite Dios el nombre y el puesto, porque sus maldades llenen el castigo de las gentes. Dejaron, Señor, como vemos, los hombres el gobierno de Dios: echáronle. Así lo dijo él, y también dijo: «En aquel día clamaréis delante de vuestro rey, que elegisteis; y no os oirá Dios en aquel día.» Esto ha durado por tantas edades, y se ha cumplido; mas el propio Señor, condolido de nosotros, lo que dijo que no haría en aquel día del testamento viejo, lo hace en éste de la ley de gracia; y vino hecho hombre a tomar este reino, y dejó en San Pedro y sus sucesores su propia monarquía. Y porque allí dio para castigo el reino que pedimos, en este día nos mandó pedir en la oración, que nos enseñó, que viniese su reino; porque como a nuestro ruego vino la calamidad por su enojo, a nuestra petición vuelva el consuelo por su clemencia.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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