Política de Dios, gobierno de Cristo: 143

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



«Entrose el espíritu malo en Saúl: estaba sentado en su casa, y tenía una lanza; demás de esto David tañía con su mano. Procuró Saúl clavar a David en la pared con su lanza. Apartose David de la presencia de Saúl; y la lanza con golpe descaminado hirió la pared. David huyó, y se salvó aquella noche.» Tan bien se halla un rey maldito con el espíritu malo, que procura huya de él antes quien se le aparta, que el espíritu. Y es de considerar que los monarcas que arrojan lanzas a los varones de Dios, yerran el golpe y, como Saúl, dan en las paredes de su casa, derriban su propia casa, asuelan su memoria con la ira que pretenden despedazar los varones de Dios. Véase aquí un ñudo, en nuestra vista, ciego; un laberinto, en nuestro entendimiento, confuso. Dijo el profeta a Saúl (como se ha referido), luego que dejó de obedecer a Dios en Amalec, que no era rey ya; díjoselo Dios a Samuel cuando lloraba por él; eligió a David por rey Dios, y ungiole el profeta. Y es cosa de gran maravilla que Saúl manda, y tiene cetro y corona, goza de la majestad y del palacio; y David, ya rey, padece cada día nuevas persecuciones, ocupado en huir, contento con los requisitos de la tierra y con las cuevas por alojamiento, sin séquito, ni otro caudal que un amigo solo.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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