Política de Dios, gobierno de Cristo: 136

Capítulo I
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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Quién pidió reyes, y por qué; quién y cómo se los concedió; qué derecho dejaron, y cuál admitieron

La descendencia y origen de los reyes en el pueblo de Dios ni fue noble ni legítima, pues tuvo por principio el cansarse de la majestad eterna y de su igualdad y justicia. Así lo dijo Dios a Samuel: «No te han desechado a ti sino a mí, para que no reine sobre ellos». Pocos son, y menos valen las coronas, los cetros y los imperios para calificar a este oficio tan ruin linaje como el que tuvo. Para castigarlos les concedió lo que le pidieron. Eran, por ser pueblo de Dios y Dios su rey, diferentes de los demás. Tanto puede la imitación, que dejan a Dios y le descartan, por ser sujetos como las otras gentes. Dioles rey, y mandó a Samuel les dijese: «Tomará vuestros hijos y los pondrá para que gobiernen sus carros, y los hará sus guardas de a caballo, etc.». Si mala fue la ocasión de pedir rey, peor fue el derecho de que dijo Dios usarían; y tan detestable, que mereció estas palabras: «Y clamaréis en aquel día delante del rey vuestro que elegisteis, y no os oirá Dios en aquel día, porque pedisteis rey para vosotros». Tan gran delito fue pedir rey, que mereció no sólo que se le diesen, sino también que no se le quitasen cuando padeciesen con lágrimas el derecho que les predijo. Este libro de Samuel pocos le han considerado (no hablo de sagrados expositores, que son luces de la Iglesia). A unos entretuvo la lisonja, a otros apartó el miedo; y para las cosas del gobierno del mundo es lo más, es el todo, bien ponderado al propósito. Considero yo que el derecho, de que dijo usarían los reyes, fue contrario en todo al que Dios usaba con ellos. Y así por esta oposición como por las palabras referidas, mal algunos regaladores de las majestades dicen permitió Dios y concedió aquel derecho, que antes por detestable se le representa, y se le permite por castigo de que le despreciaron, a él en sus ministros, y no quisieron su gobierno en ellos.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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