Política de Dios, gobierno de Cristo: 105

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Este género de gente, Señor, el rey que los ve en su casa no ha de aguardar a que otro los castigue y los eche. Mejor parece el azote en su mano para éstos, que el cetro.
Oiga vuestra majestad, no a mí, pues no es mi pluma la que habla ni la que escribe. Si vender los regatones y mohatreros en el templo mereció tal castigo en la mano de Cristo, ¿cuál será el que soliciten, si se viese que en el templo se venden mayores cosas por la mano de los prelados y príncipes, a quien Dios dejó el azote para que a su imitación echasen con ignominia a los que lo hicieren? El castigo, Señor, es el permitirlos en muchos pecados que se ven y padecen los ignorantes y los obstinados (que todo es uno), para la censura de la verdad. Echan menos en la paz temporal de esta vida y en el halago de la fortuna el castigo del cielo; no advierten que mayor es la permisión, pues dan mejor cuenta de los delincuentes los castigos rigurosos, que la suspensión de ellos. El permitir Dios nuestro señor un hombre execrable y perdido, es dejarle en manos de sus delitos y suyas; y el castigarle es darle a conocer la fealdad de sus ofensas. La permisión adormece, y el castigo despierta y escarmienta. Así que, es lenguaje conforme al estilo de Dios: Mucho nos permite, mucho nos consiente; luego mucho nos castiga. Y por el contrario: Mucho nos castiga; mucho nos ama. El justo llamará al castigo diligencia que Dios hace para recobrarle: estimaralo por cuidado y celo de sus aciertos. Quien merece los castigos de la ira de Dios, y no los tiene en este mundo, no diga que no los padece, sino que no los conoce ni los cree; y ésa es toda la ira e indignación suya. Señor, ya que (como he dicho) su casa de vuestra majestad por sí puede decir que es de oración, tome el azote, si se ofreciere, y eche de ella los que intentaren hacérsela cueva de ladrones; prosiga lo empezado, viva imitándose a sí, no se canse de copiarse las acciones de un día en otro.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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