Política de Dios, gobierno de Cristo: 101

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Y para ver que el rey es representado por el hombre de esta piscina, se advierta que representándose el linaje humano en este desamparado, le mira Cristo y le pregunta si quiere sanar, y responde: Hominem non habeo: «No tengo hombre». A esto no se respondió hasta que Pilatos coronó a Cristo, y le puso cetro y púrpura y todas las insignias reales, y le condenó a muerte de cruz, donde le llamó rey. Entonces, sin saber lo que decía, respondió al linaje humano diciendo: Ecce Homo: Ves ahí el hombre que te faltaba. El buen rey no ha de faltar a ninguna necesidad. ¡Gran nota para la conciencia de un rey, cuando con verdad dice alguno de sus vasallos: «En necesidad estoy, porque no tengo hombre»!
Los reyes nacieron para los solos y desamparados; y los entremetidos, para peligro, y persecución y carga de los reyes. De éstos han de huir hacia aquéllos. Quien solicita y pretende el cargo, le engaita, o le compra o le arrebata; quien se contenta con hacerse por la virtud digno de él, le merece. A estas cosas no se ha de acudir por relaciones y por terceros: los ojos y los oídos del rey han de ser los más frecuentes ministros. Los necesitados no han de buscar al rey ni a los ministros: esa diligencia su necesidad la ha de tener hecha; los ministros y los reyes han de salirles al camino; ése es su oficio, y consolarlos y socorrerlos, su premio. Para saber si gobierna Satanás una república, no hay otra señal más cierta que ver si los menesterosos andan buscando el remedio, sin atinar con la entrada a los príncipes.
Señor, dos cosas vemos en este evangelio: que el rey ha de ser ángel para dar virtud y hacer milagros, y revolver por su mano la piscina, pues así tendrá virtud, y de otra mano veneno y muerte; y que ha de ser hombre para remediar los necesitados, y dolerse de ellos, y desagraviarlos y darles consuelo.


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