Política de Dios, gobierno de Cristo: 056

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Rey que se entristece a sí por no entristecer a sus allegados con remediar los excesos y demasías, ése es el rey Herodes. ¿Entristéceste porque conoces lo mal que la bailadora usó de tu ofrecimiento; y porque juraste y hubo testigos, degüellas al gran Profeta? Di, Rey, ¿por qué dejas entrar en tu aposento a quien pida la cabeza del Santo? ¿Y por qué sientas a tu mesa y tienes a tu lado gente que te acobarde el buen deseo, y que te ponga vergüenza de castigar desacatos? Señor, quien pidiere con bailes y entretenimientos la cabeza del justo, pierda la suya. Todos los malos ministros son discípulos de la hija de Herodias: divierten a los reyes y príncipes con danzas y fiestas; distráenlos en convites, y luego pídenles la cabeza del Rey justo. Rey hipócrita, ¿quieres dar a entender que religioso cumples tu promesa por no quebrar el juramento, y disimulas la mayor crueldad con aparente celo? ¿Entristéceste tú por no entristecer una ramera? Ésta es acción más digna de ignominioso castigo que de corona. Ya que no miraste lo que ofrecías, miraras lo que te pidieron. Mas rey que su bondad no se extiende a más de entristecerse, no es rey: es vil esclavo de la malicia de sus vasallos; y es tan desventurado, que hasta el buen conocimiento le sirve de martirio y los buenos deseos le son persecución, y no méritos, pues se aflige de consentir maldades, que sabe que lo son, por no afligir a los que tiene consigo, y se las piden o aconsejan casi con fuerza. Ea, Señor, empréndase valerosa hazaña, a imitación de Dios que de una vez con palabra digna del motín de los ángeles derribó al mayor serafín y a todo su séquito, sin que de su parcialidad quedase ninguno. La mala yerba si se la cortan las hojas no se remedia, antes se esfuerza la raíz. No importan juramentos, ni palabras, ni empeños. Juramentos hay de tal calidad, que lo peor de ellos es cumplirlos. Sólo de Dios se dice que jurara y no le pesara de haber jurado. El crédito de los reyes está en la justificación de los que le sirven; y la perdición, en el sustentamiento de los que le desacreditan y disfaman. A llevar adelante los errores, a disimular con los malos, ayuda el demonio; y hace castigarlos y reducirlos Dios. Muy cobarde es quien no se fía de esta ayuda, y muy desesperado quien prosigue con la otra.


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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