Política de Dios, gobierno de Cristo: 048

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



No hubo San Pedro, a persuasión del celo y del dolor, cortado la oreja al judío, en quien dice Tertuliano que fue herida la paciencia de Cristo, cuando delante de la cohorte le pronunció sentencia de muerte.
Delante de los discípulos, llegando a lavarles los pies, porque con humildad profunda, si no bien advertida, le dijo: «¿Tú me lavas los pies?», le respondió: «Tú no sabes lo que yo hago ahora; después lo sabrás». Replicó fervoroso en su afecto, no considerado en la porfía: «No me lavarás los pies eternamente». Demasiado anduvo; ni fue, al parecer, buena crianza replicar a nada que quisiese hacer Cristo, pues él sólo sabe lo que conviene, y rehusar era advertir. En la tentación se indigna porque le dicen que se hinque de rodillas; y aquí se hinca de rodillas, y se enoja porque no se lo consienten; y no deja ésta de ser tentación como aquélla. En todo esto andaba arrebozado, con la buena intención de San Pedro, Satanás. Poco va de que Cristo haga lo que no debe hacer, a que no haga lo que conviene.


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