Política de Dios, gobierno de Cristo: 036

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Aprieta más este suceso la dificultad. No basta que el rey esté presente, si duerme. Ojos cerrados no hacen efecto. Duerme Cristo, y piérdense de ánimo todos. Bien sabía la borrasca y lo que había de suceder; y cerró los ojos para enseñar a los reyes que la fe de los suyos, como se dice, pueden perderla en un cerrar y abrir de ojos: niñería es; pero suena al propósito. El rey es menester que asista a todo y que abra los ojos, porque los suyos no pierdan la fe. Mire vuestra majestad cuán descaecidos estaban los apóstoles porque durmió un poco Cristo, sabiendo que él dice de sí: «Yo duermo, etc.». La vista de los príncipes influye coraje; y el miedo, que sólo precia la salud y pone la honra en la seguridad, suele reprenderse con el respeto. No le queda qué hacer al rey que asiste y mira, ni qué esperar al que hace lo contrario. Si en la república de Cristo, Dios y hombre, en cerrando los ojos estuvieron para dar al través sus allegados, ¿qué se ha de temer en los reyes que se duermen con los ojos abiertos?


Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo

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