Política de Dios, gobierno de Cristo: 032

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Señor, vuestra majestad no tiene otra cosa que haya de estar más firme en su ánimo, encargada por Dios, que el castigo del consejero que pide para los pobres, y los vende. Podría en algunas concesiones de las Cortes, y en los demás servicios tenerse cuidado con este lenguaje de Judas, cuando el que concede medra y el reino padece. Pobres vende quien enriquece pidiendo para ellos, y quien alega por méritos y servicios la ruina de los que se le encomendaron. Miren los reyes por los pobres, que entonces habrán entendido que el primer pobre y más legítimo necesitado es el buen rey. Rey que se gobierna, rey que se socorre a sí mismo, y se guarda y mira por sí, ése mira por sus reinos. El que se descuida de sí propio, y se deja y olvida, ¿por quién mirará, ni de qué tendrá cuidado? Aquí da voces San Juan a vuestra majestad como privado de Cristo: temerosas palabras son las suyas. Quien de las personas, criados, hijos, vasallos beneméritos quita o pide la hacienda, honra u oficios con título de darlo a pobres o emplearlo mejor, en la boca del Evangelista es Judas; y llámese como se llamare, a él le nombran las palabras «ladrón que tiene bolsa». El buen ministro conocerá vuestra majestad, si, cuando los ministros despenseros y el consejero Iscariote le propusieren cosas semejantes, en que se trata de vender a los pobres o quitar de la persona real, -pusiere en la consulta de buena letra: «vuestra majestad no lo haga». Quien se lo aconseja es Judas que le ha de vender: no lo hace por los pobres que están encomendados a vuestra majestad, y no a él; ladrón es; talegones trae; lo que dan se lleva; caridad fingida es su mercancía, piedad mentirosa es su ganancia. Para los pobres pide; y pidiendo para ellos, hace pobres y se hace rico. ¡A qué de consultas está respondiendo San Juan desde el Evangelio, porque los príncipes no pretendan haber pasado sin advertimiento, y por quitarlos la disculpa maliciosa! ¡Gran voz contra quien se descuidare en esta parte para el tribunal postrero de la mejor vida! Atienda vuestra majestad a las señas que aquí le da San Juan de los que venden a los pobres. Dice que son los que han de vender al propio rey, que tratan de lo que no les toca; que son ladrones; que tienen bolsas, y llevan lo que se da. Con la pluma los dibuja San Juan, en la voz los nombra, con el dedo los muestra. Veislos ahí (dice a todos los que reinan); y si no queréis que os vendan, no tengáis ministros despenseros que tengan bolsones y tomen lo que se da, ni tengáis por consultor al ladrón. ¡Oh gran cosa! Dos privados Juanes tuvo Cristo: el Bautista enseñó con la mano el Cordero a los lobos; y el Evangelista en el Evangelio enseñó con la pluma los lobos al Cordero.


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