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Perdona al remo, Lícidas, perdona
de Luis de Góngora


ÉGLOGA PISCATORIA EN LA MUERTE DEL DUQUE DE MEDINA SIDONIA
 
Alcidón-Lícidas
 
Alcidón
 
Perdona al remo, Lícidas, perdona
al mar, en cuanto besa
maravillas no bárbaras, en esa
aguja que de nubes se corona.
El tridente de Tetis, de Belona
incluye el asta. ¡Oh cuánto
sella esplendor, desmiente gloria humana,
esa al margen del agua construida,
si no índice mudo desta vida,
pompa aun de piedras vana,
urna hecho dudosa jaspe tanto
de poca tierra, no de poco llanto!
 
Lícidas
 
Erré, Alcidón. La cudiciosa mano
siguió las ondas, no en la que ejercitan
piedad o religión. Sobre los remos,
los marinos reflujos aguardemos
que su lecho repitan.
 
Alcidón
 
Lamer en tanto mira al Oceano,
Lícida, el mármol que Neptuno viste
de tantas, si no más, náuticas señas
que militares ya despojos Marte;
y las que informó el arte
de afecto humano peñas,
vulto exprimiendo triste.
 
Lícidas
 
¿Quién, dime, son aquellas, de quien dudo
cuál más dolor o majestad ostente,
plumas una la frente,
palmas otra, y el cuerpo ambas desnudo?
 
Alcidón
 
Mal la pizarra pudo
lisonjealles el color. Aquella
ara del Sol edades ciento, ahora
templo de quien el Sol aun no es estrella,
la grande América es, oro sus venas,
sus huesos plata, que dichosamente,
si ligurina dio marinería
a España en uno y otro alado pino,
interés ligurino
su rubia sangre hoy día,
su medula chupando está luciente.
Esotra naval siempre infestadora
de nuestras playas, África es, temida,
si no por los que engendran sus arenas,
por los que visten púrpura leones
en tantos hoy católicos pendones
cuantas le ha introducido España almenas,
de quien tímido Atlante a más lucida,
a región más segura se levanta,
debida a tanta fuga ascensión tanta.