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A Carlos Cano



Cuando, al calor del maternal cariño,
el inocente niño
inseguro en la tierra sienta el pie,
al entregarlo a la falaz fortuna,
«¿adónde, adónde vas?» -dice la cuna;
y él dice:-«¡No lo sé!»
Cuando, llevado en brazos del destino,
por abrirse camino
deja el mozo el hogar donde creció,
ya que el umbral pacífico traspasa,
«¿adónde, adónde vas? -dice la casa;
y él dice: -¡«Qué sé yo!»
Cuando el anciano, en brazos de la muerte
reclina el cuello inerte,
y el espíritu ciego huyendo va,
mientras el cuerpo en tierra se derrumba,
«¿adónde, adónde vas?» -dice la tumba;
y él dice: -«¡Dios sabrá!»