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Procura también persuadir aquí a una pedidora perdurable la doctrina del trueco de las personas

(Parnaso español)

de Francisco de Quevedo



Que no me quieren bien todas, confieso;
que yo no soy doblón para dudallo.
Si alguno tengo, gusto de guardallo;
si me aborrecen, no será por eso.


Con quien tiene codicia, tengo seso;
en pagar soy discípulo del gallo,
y yo ningún inconveniente hallo
en estas retenciones que profeso.


Es lenguaje de poyos y de establo
«Tengamos y tengamos»; y «lo cierto
es lo de taz a taz», si yo le entablo.


No se tome en la boca el perro muerto:
quebremos de esta vez el ojo al diablo;
y pues cojuelo le hay, háyale tuerto.