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Contiene una grande advertencia a los reyes; conviene a saber: que con ser tan soberanos por la alteza de su dignidad, los que con su obligación no cumplen dignamente, se hacen despreciables en la estimación y en la memoria después

(Parnaso español)

de Francisco de Quevedo



En caña de pescar trocó Artabano
El cetro, y las insignias soberanas
ocupó diligente en pescar ranas,
por acallar el cieno de un pantano.


Emperador araña, Domiciano,
cazando moscas, infamó sus canas;
cuando cerrando puertas y ventanas,
pudo limpiar las siestas al verano.


Fortuna, ¿no estuvieran más decentes
puestas en un moscón y un renacuajo
las dos coronas, que en tan viles frentes?


Témome que el reinar oficio es bajo,
pues que ruegas, a costa de las gentes,
con cetro a un mosqueador y a un espantajo.