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A una dama de singular gracia y hermosura, que estuvo en Francia, y hablaba la lengua francesa con mucho donaire

(Parnaso español)

de Francisco de Quevedo



Si en Francia, tan preciada de sus Pares,
no hallo, Manuela, par vuestra hermosura,
la ardiente rosa en vuestra nieve pura
blasones sean de España singulares.


De Orlando las hazañas militares,
si a vuestra luz probaran aventura,
mejor calificaran su locura,
cuando el vencido os dedicara altares.


Vuestra boca, riéndose, es aurora;
es francesa, si habla; y es Oriente
que con todas las Indias enamora.


Por vos la rosa castellana ardiente
en París fue gloriosa vencedora
del lirio de oro, que hoy la envidia ausente.