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Llanto, presunción, culto y tristeza amorosa

(Parnaso español)

de Francisco de Quevedo



Esforzaron mis ojos la corriente
de este, si fértil, apacible río;
y cantando frené su curso y brío:
¡tanto puede el dolor en un ausente!


Mireme incendio en esta clara fuente
antes que al prendiese yelo frío,
y vi que no es tan fiero el rostro mío
que manche, ardiendo, el oro de tu frente.


Cubrió nube de incienso tus altares,
coronelos de espigas en manojos,
sequé, crecí con llanto y fuego a Henares.


Hoy me fuerzan mi pena y tus enojos
(tal es por ti mi llanto) a ver dos mares
en un arroyo, viendo mis dos ojos.