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Compara el discurso de su amor con el de un arroyo

(Parnaso español)

de Francisco de Quevedo



Torcido, desigual, blando y sonoro,
te resbalas secreto entre la flores,
hurtando la corriente a los calores,
cano en la espuma y rubio con el oro.


En cristales dispensas tu tesoro,
líquido plectro a rústicos amores;
y templando por cuerdas ruiseñores,
te ríes de crecer con lo que lloro.


De vidrio, en las lisonjas, divertido,
gozoso vas al monte; y, despeñado,
espumoso encaneces con gemido.


No de otro modo el corazón cuitado,
a la prisión, al llanto se ha venido
alegre, inadvertido y confiado.