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Al incendio de la Plaza de Madrid, en que se abrasó todo un lado de cuatro

(Parnaso español)

de Francisco de Quevedo



Cuando la Providencia es artillero,
no yerra la señal la puntería;
de cuatro lados la centella envía
al que de azufre ardiente fue minero.


El teatro, a las fiestas lisonjero,
donde el ocio alojaba su alegría,
cayó, borrando con el humo el día,
y fue el remedio al fuego compañero.


El viento que negaba julio ardiente
a la respiración, le dio a la brasa,
tal, que en diciembre pudo ser valiente.


Brasero es tanta hacienda y tanta casa;
más agua da la vista que la fuente:
logro será, si escarmentado pasa.