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Amenaza de la inocencia perseguida, que hace el rigor de un poderoso

(Parnaso español)

de Francisco de Quevedo



Ya te miro caer precipitado,
y que en tus propias ruinas te confundes;
que en ti propio te rompes y te hundes,
entre tus chapiteles sepultado.


Tanto como has crecido has enfermado
y, por mas bien que los cimientos fundes,
mientras en oro y vanidad abundes,
tu tesoro y poder son tu pecado.


Si de los que derribas te levantas
y si de los que entierras te edificas,
en amenazas propias te adelantas.


Medrosos escarmientos multiplicas;
lágrimas tristes, que ocasionas, cantas:
son tu caudal calamidades ricas.