Abrir menú principal


Imagen del tirano y del adulador

(Parnaso español)

de Francisco de Quevedo



Desconoces, Damocles, mi castigo,
por no culpar tu lengua en mi tormento,
y del semblante que, esforzado, miento,
con gran ostentación, eres amigo.


No ves la amarillez que dentro abrigo,
ni el corazón, que yace macilento,
ni atiendes al mortal razonamiento
del invisible y pertinaz testigo.


Pues solo me acompañas, algún día
contradígame voz tuya severa:
oiga verdades la conciencia mía.


Merezca un desengaño antes que muera:
que la contradicción es compañía,
y no seremos dos de otra manera.