Para leer a Carlos Castaneda
de Guillermo Marín Ruiz
VIII.- El conocimiento silencioso

VIII. EL CONOCIMIENTO SILENCIOSO

Primera edición en inglés, 1987
Primera edición en español, 1988
Título original: The Power of Silence
Emecé Editores, S.A. Argentina
315 páginas

INTRODUCCIÓN

Llegamos al octavo libro de Castaneda; el conocimiento que Don Juan le ha enseñado en sus dos partes parece que ha quedado ensamblado. En la introducción de este libro Don Juan le dice que jamás estuvo aprendiendo brujería, sino simplemente ahorrando energía. Y es precisamente esta energía ahorrada la que le ha permitido a Castaneda manejar ciertos campos de energía que el ser humano común no utiliza para percibir el mundo cotidiano.

La Toltequidad, como la llama Don Juan o Toltecáyotl, como se conoce por las fuentes históricas recogidas por los misioneros en el siglo XVI, es el arte de percibir lo que la percepción común no puede captar. Percibirse a sí mismo y al mundo que le rodea como energía y aprovechar la oportunidad de lo inconmensurable, es el "Arte de los toltecas".

Don Juan le dice a Castaneda que en realidad no hay nada que enseñar de brujería. La enseñanza de la Toltequidad lleva al aprendiz, a través de ardides, a que se dé cuenta que el mundo es mucho más de lo que nosotros percibimos comúnmente; que está conformado por un inconmensurable número de campos energéticos y que el ser humano, además de ser una carga energética, es un productor de energía rodeado de energía. El guerrero aprende, en este camino, que existe un poder desconocido en su interior y que si lo desarrolla lo puede alcanzar.

"La maestría del estar consciente de ser, es el enigma de la mente; la perplejidad que

los brujos experimentan al darse cabal cuenta del asombroso misterio y alcance de la conciencia de ser y la percepción.

El arte del acecho es el enigma del corazón; el desconcierto que sienten los brujos al descubrir dos cosas: una, que el mundo parece ser inalterablemente objetivo y real debido a ciertas peculiaridades de nuestra percepción; y la otra, que si se ponen en juego diferentes peculiaridades de nuestra percepción, ese mundo que parece ser inalterablemente objetivo y real, cambia.

La maestría del intento es el enigma del espíritu, el enigma de lo abstracto.

La instrucción proporcionada por don Juan en el arte del acecho y la maestría del intento se basaron en la instrucción del estar consciente de ser: una piedra angular que consiste de las siguientes premisas básicas:

1. El universo es una infinita aglomeración de campos de energía, semejantes a filamentos de luz que se extienden infinitamente en todas direcciones.

2. Estos campos de energía, llamados las emanaciones del Águila, irradian de una fuente de inconcebibles proporciones, metafóricamente llamada el Águila.

3. Los seres humanos están compuestos de esos mismos campos de energía filiforme. A los brujos, los seres humanos se les aparecen como unos gigantescos huevos luminosos, que son recipientes a través de los cuales pasan esos filamentos luminosos de infinita extensión; bolas de luz del tamaño del cuerpo de una persona con los brazos extendidos hacia los lados y hacia arriba.

4. Del número total de campos de energía filiformes que pasan a través de esas bolas luminosas, sólo un pequeño grupo, dentro de esa concha de luminosidad, está encendido por un punto de intensa brillantez localizado en la superficie de la bola.
5. La percepción ocurre cuando los campos de energía en ese pequeño grupo, encendido por ese punto de brillantez, extienden su luz hasta resplandecer aún fuera de la bola.

Como los únicos campos de energía perceptibles son aquellos iluminados por el punto de brillantez, a este punto se le llama el "punto donde encaja la percepción" o, simplemente, "punto de encaje".

6. Es posible lograr que el punto de encaje se desplace de su posición habitual en la superficie de la bola luminosa, ya sea hacia su interior o hacia otra posición en su superficie o hacia fuera de ella. Dado que la brillantez del punto de encaje es suficiente, en sí misma, para iluminar cualquier campo de energía con el cual entra en contacto, el punto, al moverse hacia una nueva posición, de inmediato hace resplandecer diferentes campos de energía, haciéndolos de este modo perceptibles. Al acto de percibir de esa manera se le llama ver.

7. La nueva posición del punto de encaje permite la percepción de un mundo completamente diferente al mundo cotidiano; un mundo tan objetivo y real como el que percibimos normalmente. Los brujos entran a ese otro mundo con el fin de obtener energía, poder, soluciones a problemas generales o particulares, o para enfrentarse con lo inimaginable.

8. El intento es la fuerza omnipresente que nos hace percibir. No nos tornamos conscientes porque percibimos, sino que percibimos como resultado de la presión y la intromisión del intento.

9. El objetivo final de los brujos es alcanzar un estado de conciencia total y ser capaces de experimentar todas las posibilidades preceptúales que están a disposición del hombre. Este estado de conciencia implica asimismo, una forma alternativa de morir. La maestría del estar consciente de ser requería un nivel de conocimiento práctico. En ese nivel don Juan me enseñó los procedimientos para mover el punto de encaje. Los dos grandes sistemas ideados por los brujos videntes de la antigüedad eran: el ensueño, es decir, el control y

utilización de los sueños, y el acecho, o el control de la conducta..." C.C.

LAS MANIFESTACIONES DEL ESPÍRITU

I. El Primer Centro Abstracto

Para Don Juan el Espíritu es lo abstracto, ya que para conocerlo no se requiere de palabras ni pensamientos; es algo que sólo se puede sentir y se expresa en actos. Don Juan, durante toda la enseñanza, le cuenta una y otra vez historias de "brujería". Historias que tenían que ver con videntes, guerreros, aprendices y hasta con su propia experiencia personal. Pero todas estas historias tienen un centro abstracto , en las cuales se expresa el Espíritu; son, por decirlo, historias donde siempre está presente el intento.

Estas historias hay que recordarlas una y otra vez hasta que, poco a poco, lo abstracto va llegando a nosotros. Y tal pareciera que la historia se descubre o se recrea; cada vez que las repasamos brotan cosas que anteriormente no habíamos percibido; llegamos a sus centros abstractos.

Se puede decir que la obra de Castaneda, sobre todo en la primera parte, es un conjunto de historias de las manifestaciones de espíritu que, a veces, podrían parecer confusas; en la segunda parte —a partir de "El segundo anillo de poder"— empieza a ensamblar el conocimiento de manera más funcional; en todo lo anterior radica el desafío para el lector.

Castaneda es tal vez el primer nagual que reproduce el conocimiento a través de libros; es, como dice Don Juan, un nagual moderno. Estas historias hay que repasarlas, después analizarlas y luego volverlas a pensar, hasta llegar a revivirlas casi literalmente. Por ello, los guerreros tienen que obtener puntos de referencia en el pasado para poder usar las historias de los centros abstractos y sacar el conocimiento. El ser humano común también usa el pasado, pero siempre por razones personales que enaltezcan y exalten su importancia personal.

"—¿Cuál es mi historia acerca de las manifestaciones del espíritu? —pregunté un tanto

desconcertado.

—Si hay un guerrero consciente de sus historias, eres tú —me respondió—. Después de todo, llevas años escribiéndolas, ¿no?..." C.C.

LA IMPECABILIDAD DEL NAGUAL ELÍAS

Esta historia nos habla de la impecabilidad del nagual Elías que, atento a una manifestación del espíritu, logra, a partir de una historia grotesca, enganchar —de manera impecable— a dos aprendices: Talía y Julián. A ella la libera del enorme flujo de energía superflua, y a él lo rescata de la muerte. Les enseña que en la vida no hay una segunda oportunidad cuando se presenta “El pájaro de la libertad”, y que este pájaro o se lleva consigo a la gente o la deja atrás para siempre.

“No tuvo ningún problema, ninguna duda en dejar todo atrás. Había entendido perfectamente que no habría una segunda oportunidad y que el pájaro de la libertad o se lleva a la gente consigo o los deja atrás...” C.C.

EL TOQUE DEL ESPÍRITU

Los naguales antiguos se inclinaban más por las acciones que por los razonamientos. En cambio los modernos, y en especial Castaneda, se pierden en los extravíos de la razón, aunque unos y otros busquen la libertad.

La conciencia acrecentada es algo misterioso para nuestra razón; en los hechos, es simple y sencilla. El problema es que los humanos siempre complicamos las cosas al tratar de reducir la inmensidad que nos rodea a algo razonable y manejable por los parámetros de nuestra razón.

Los guerreros toltecas, al momento de lograr detener la compasión por sí mismos (que no es otra cosa que la importancia personal disfrazada), dejan de tener compasión por los demás. Para el guerrero todo comienza y termina en él mismo; lo demás es un desatino controlado permanente y su contacto con lo abstracto le ayuda a superar los sentimientos de importancia personal, hasta convertirse él mismo en algo abstracto.

Don Juan dice que hace mucho tiempo la humanidad vivía en lo abstracto y que esto era su fuerza sustentadora. Por algo el hombre se alejó de lo abstracto y ahora le es muy difícil volver a él. Sin embargo, éste es uno de los desafíos del guerrero.

El volverse sensible, perceptivo, capaz de sentir al espíritu y moverse en lo abstracto, es darle un giro de 180 grados a lo que hemos aprendido, obsesiva y compulsivamente, durante toda nuestra vida. La Toltequidad y el camino del guerrero son una de las muchas posibilidades que la humanidad ha creado a partir de la sabiduría.

“Para un brujo, el espíritu es lo abstracto, porque para conocerlo no necesita de palabras, ni siquiera de pensamientos; es lo abstracto, porque un brujo no puede concebir qué es el espíritu. Sin embargo, sin tener la más mínima oportunidad o deseo de entenderlo, el brujo lo maneja; lo reconoce, lo llama, lo incita, se familiariza con él, y lo expresa en sus actos.”... C.C. EL ÚLTIMO DESLIZ DEL NAGUAL JULIÁN

El poder revivir y limpiar el vínculo con el espíritu es lo que distingue al aprendiz del hombre común; cuando este vínculo se restablece, se deja de ser aprendiz; para esto se necesita de un propósito indomable y un intento inflexible, el cual el hombre común no tiene y por ello los toltecas inventaron el camino del guerrero.

Aquí hay algo interesante para los lectores y seguidores de Castaneda. Don Juan dice que en la Toltequidad no se reciben voluntarios porque, entre otras cosas, al traer propósitos propios, es muy difícil que renuncien a su individualidad. Si no encuentran las cosas como ellos piensan que deben ser, se enfadan y se van.

Don Juan dice que lo importante es tener decisión y fuerza para el cambio, toneladas de humildad, disciplina para intentar "barrer la isla del tonal" , dejar de ser, pensar, sentir y actuar en la vida cotidiana, como siempre lo hemos hecho. Si alguien se atreve a intentar tan sólo lo anterior, y dejar a un lado por el momento el mundo del nagual, el conocimiento del lado izquierdo, la conciencia acrecentada, las emanaciones del Águila, etc., no necesitará de maestros ni benefactores. Cuando logren ahorrar energía y mover su punto de encaje, seguramente el poder los pondrá, en el camino.

Volviendo al libro, Don Juan dice que nuestro vínculo con el espíritu es lo que le produce al ser humano, de manera ancestral, la preocupación por un destino.

El ser humano común no pasa de la mera o leve preocupación, ya que siempre está ocupado en la vorágine de la vida cotidiana y aún más preocupado por el "tener" que por el "ser". Y al final de la vida (cuando ha perdido casi toda la energía o está al borde de la muerte) se da cuenta que ha tenido la oportunidad más grande de la vida: el ser totalmente libre y consciente, y que la ha desperdiciado.

"—Un aprendiz es alguien que se esfuerza por limpiar y revivir su vínculo con el espíritu —explicó—. Una vez que ese vínculo revive, no puede continuar siendo un aprendiz; pero hasta ese día, necesita de un propósito indomable, un intento inflexible, del cual carece, por supuesto. Por esa razón, el aprendiz permite que el nagual le proporcione tal propósito y, para hacerlo, tiene que renunciar a su individualidad. Esa es la parte difícil..." C.C.

LOS TRUCOS DEL ESPÍRITU

Don Juan dice que las historias de los centros abstractos (que se desbordan en toda la obra de Castaneda) tienen la misma estructura y que lo que varía son los personajes. Cada historia contiene: una tragicomedia abstracta, un actor abstracto (que es el intento), dos actores humanos (el nagual o maestro y su aprendiz) y el guión, que es el centro abstracto de esas historias.

Castaneda entiende que el arte del acecho es aprender, a la perfección, todos los detalles del disfraz, a tal punto que nadie se dé cuenta de que se está disfrazado. Para ello se requiere ser despiadado, que no significa ser grosero; por el contrario, se debe ser encantador; astuto, que no significa ser cruel, sino muy decente; tener paciencia, que no significa ser negligente y sí, por el contrario, ser activo; y también ser simpático, que no significa ser estúpido, pero sí, al mismo tiempo, ser aniquilador.

"El arte del acecho es aprender todas las singularidades de tu disfraz", dijo Belisario sin prestar atención a lo que don Juan le estaba diciendo. "Y aprenderlas tan bien que nadie podría descubrir que estás disfrazado. Para hacer eso, necesitas ser despiadado, astuto, paciente, y simpático". C.C.

LAS CUATRO DISPOSICIONES DEL ACECHO

El eje central y fundamental en las enseñanzas de Don Juan es, sin lugar a dudas, el arte del acecho, que indica ser despiadado, astuto, paciente y simpático. Estos cuatro fundamentos básicos el aprendiz los debe poner en práctica en todo y con todos. El principal principio del acecho es que el aprendiz debe acecharse a sí mismo, poniéndose primero a seleccionar actitudes menores en su comportamiento para después analizarlas y posteriormente acecharlas, para que, como presas de caza, vayan cayendo una detrás de la otra, hasta que pueda acechar "presas mayores" en su comportamiento.

Cuando un aprendiz desarrolla con plenitud el acecho, deberá pretender el intento y, de esa manera, podrá mover su punto de encaje.

Un guerrero o una guerrera es un ser humano con una voluntad inflexible y una disciplina impecable; el guerrero acecha para templar su espíritu. No busca en los actos cotidianos más que un vehículo para llegar, después de un inmenso trabajo y mucho esfuerzo, a la libertad y a la conciencia. Un guerrero no piensa en el provecho personal en sus actos cotidianos, como sucede con la persona común, que no mueve un dedo si no espera encontrar algún tipo de recompensa.

Castaneda llega a comprender que la Toltequidad no se traduce en palabras sino en actos vivénciales que experimenta todo su cuerpo. Entiende que este conocimiento ha estado siempre a disposición de cualquiera ser humano para ser sentido, para ser usado, pero que de ninguna manera puede ser explicado. La llave para abrir la puerta a este conocimiento es el cambio de niveles de conciencia; la conciencia acrecentada, en consecuencia, tampoco puede ser explicada, sólo puede ser utilizada.

“—El sentirse importante es una verdadera tiranía —dijo—. Nos hace unos enojones insufribles.

Debemos trabajar sin descanso para acabar con eso...

"Por lo que hemos visto de ti, no se te puede enseñar a ser violento ni obtuso. Ya lo eres, pero puedes aprender a ser despiadado, astuto, paciente y simpático...

Aseveró que en la brujería, el acecho, es el principio de todo. Primeramente, los brujos deben aprender a acechar; después deben aprender a intentar y sólo entonces pueden mover su punto de encaje a voluntad...

—El primerísimo principio del acecho es que un guerrero se acecha a sí mismo dijo mirándome a la cara—. Se acecha a sí mismo sin tener compasión, con astucia, paciencia y simpáticamente”... C.C.

EL DESCENSO DEL ESPÍRITU

Hace milenios los antiguos toltecas a través del "ver", descubrieron que la Tierra es un ser vivo y consciente cuya conciencia, de alguna manera, puede afectar a los seres humanos modernos por vivir en el reflejo de sí mismos.

En el Anáhuac los seres humanos comunes mantenían una profunda relación con La Tierra a quien llamaban Tonatzin, “nuestra Madre querida”. Pero existían una serie muy extensa de advocaciones que los españoles llamaron “dioses”, pero que los anahuacas tomaban como variantes de una misma realidad. El contacto y el equilibrio con la naturaleza y el cosmos era la base sustentadora de la vida de los pueblos antiguos, no solo del Anáhuac, sino del todo el mundo.

El ser humano “moderno” ha perdido la capacidad de "conectarse" con el todo que le rodea. La vorágine de la vida cotidiana -angustia, preocupaciones, el tener, las frustraciones, los miedos, las tecnologías, etc.- ocupa toda nuestra atención y no nos permite damos cuenta que estamos unidos con todo lo demás.

Las personas “modernas” han fincado su existencia en el consumo. Lo divino y lo sagrado, lo inconmensurable ha desparecido de su vida y de su mundo. Las necesidades de consumo del ser humano moderno son ilimitadas y la adicción al consumo se vuelve una droga.

"Don Juan me pidió prestar mucha atención a lo que iba a decir. Dijo que hacía miles de

años, por medio de su capacidad de ver, los brujos descubrieron que la tierra es un ser vivo y consciente, cuya conciencia puede afectar la conciencia de los seres humanos...

Don Juan me había asegurado que nuestra gran falla colectiva, es el vivir nuestras vidas sin tomar en cuenta para nada esa conexión. Para nosotros, lo precipitado de nuestra existencia, nuestros inflexibles intereses, preocupaciones, esperanzas, frustraciones y miedos, tienen prioridad.

En el plano de nuestros asuntos prácticos, no tenemos ni la más vaga idea de que estamos unidos con todo lo demás"... C.C.

EL SALTO MORTAL DEL PENSAMIENTO

Un guerrero esencialmente es un hombre impecable en sus actos y sentimientos, de gran flexibilidad, de recursos fluidos, de gustos y conducta refinados; en síntesis, un guerrero es un hombre cuyo trabajo es pulir todas sus aristas cortantes y una de las más importantes es su conducta. Un guerrero siempre está atento contra la natural brusquedad de la conducta humana.

El acecho es una excelente herramienta que nos permite pulir nuestra conducta; el acecho es una conducta especial que está determinada por ciertos principios; es una conducta agazapada, furtiva y engañosa, que tiene como objetivo darle una sacudida mental al aprendiz. Algún alucinógeno tendría el mismo efecto, sólo que, por una parte, con muy alto costo para el cuerpo y, por otra, se puede uno perder en el camino. Acecharse es el método que inventaron los nuevos videntes toltecas para mover el punto de encaje, usando nuestra propia conducta de manera astuta y sin compasión.

El guerrero debe tener conciencia de la muerte, pero con desapego; con ello llega la sobriedad y la belleza. En lo único que tiene certeza el guerrero es que deberá morir, por lo que, en consecuencia, actúa: tiene paciencia sin dejar de actuar, acepta sin ser estúpido, es astuto sin ser presumido o fantoche, y puede, sobre todas las cosas, llegar a no tener compasión al no entregarse a la importancia personal.

En la cultura popular del “México Profundo”, la relación con la muerte es total y avasalladora. El mexicano juega con la muerte, es su compañera: baila, come, canta, la reta. Este “surrealismo” no es más que la profunda y milenaria raíz cultural del Anáhuac.

“Sin una visión clara de la muerte, no hay orden para ellos, no hay sobriedad, no hay belleza. Los brujos se esfuerzan sin medida por tener su muerte en cuenta, con el fin de saber, al nivel más profundo, que no tienen ninguna otra certeza sino la de morir. Saber esto da a los brujos el valor de tener paciencia sin dejar de actuar, les da el valor de acceder, el valor de aceptar todo sin llegar a ser estúpidos, les da valor para ser astutos sin ser presumidos y, sobre todo, les da valor para no tener compasión sin entregarse a la importancia personal.”...C.C. MOVER EL PUNTO DE ENCAJE

La recapitulación es una de las vías para mover el punto de encaje. La recapitulación, en apariencia, es recordar lo vivido, pero en realidad es una técnica muy refinada y compleja que desarrollaron los nuevos videntes toltecas para mover el punto de encaje.

La recapitulación comienza en el esfuerzo por recordar los eventos más importantes de la vida, para después recordar todos esos eventos con detalle y en una continuidad. Después se debe hacer un esfuerzo para “re-vivir” nuevamente cada uno de esos eventos; que el cuerpo recuerde y re-viva lo que sintió en esos momentos; que el punto de encaje se mueva al lugar preciso en el que estaba cuando ocurrieron los eventos que se están reviviendo; a esto los toltecas le llaman “acordarse”.

Probablemente una de las técnicas con las que Don Juan le transmitió parte del conocimiento a Castaneda fue al mover los dos juntos el punto de encaje; a esto Don Juan llama "ensoñando" juntos, y probablemente también, mediante esa forma, Castaneda haya escrito parte de su obra: a través del movimiento del punto de encaje.

Don Juan hace una descripción de Castaneda como hombre común y corriente, descripción de la cual no nos escapamos la mayoría de las personas, no porque seamos “malos”, sino porque ahí es donde casi la mayoría tenemos fijado el punto de encaje. No es cuestión de moralidad sino, simplemente, del uso de nuestra energía.

Don Juan le dice a Castaneda que tiene una imagen muy exaltada de su persona, que es dominante, vanidoso, mezquino, de mal genio, desgraciado, confiado y con una gran inclinación hacia los vicios y las debilidades.

"—¿A poco va a usted a decir que soy inaguantable? —dije y mi voz me sonó asombrosamente forzada.

—Claro que eres inaguantable —dijo él, con expresión seria—. Eres mezquino, caprichoso, porfiado, dominante y vanidoso. Eres malgeniado, tedioso y desagradecido; tienes una inagotable capacidad para los vicios. Y lo peor: tienes una idea muy exaltada de ti mismo, sin nada con qué respaldarla. Podría decir, con toda sinceridad, que tu sola presencia me da ganas de vomitar...

—Te advertí que ni te iba a gustar ni lo ibas a entender —dijo—. Las razones del guerrero son muy simples, pero de extremada finura. Rara vez tiene el guerrero la oportunidad de ser genuinamente impecable pese a sus sentimientos básicos. Tú me has dado tal inigualable oportunidad. El acto de dar, libre e impecablemente, me rejuvenece, renueva en mí la idea de lo maravilloso. Lo

que obtengo de nuestra relación es en verdad algo de tan incalculable valor para mí que estoy irremediablemente endeudado contigo."... C.C.

EL SITIO DONDE NO HAY COMPASIÓN

Lo contrario a tenerse lástima a sí mismo es no tenerse compasión. El tener una idea muy exaltada de nuestra persona produce, como consecuencia, una gran importancia personal. Esta nos estorba, nos hace rudos, vanidosos y pretenciosos; pero, además, la importancia personal viene acompañada de la compasión por nosotros mismos. Cuando nuestra importancia personal se estrella con un tirano o con el mundo que insiste permanentemente en, no ajustarse a nuestros pensamientos, la importancia personal se convierte en la conmiseración por nosotros mismos.

Cuando un guerrero desplaza su importancia personal, en su vida cotidiana dejan de existir los odios, los enojos, los resentimientos y adquiere el desatino controlado que fluye suavemente. La marca del guerrero será su indiferencia, su desapego y su paciencia.

Don Juan habla de que en el hombre existen dos partes diferenciadas: la primera es vieja, tranquila, indiferente; la segunda es nueva, nerviosa, agitada, y se importa a sí misma porque se siente insegura. La primera subsiste en el fondo de nosotros. La segunda se encuentra en la superficie y es vulnerable; es con la que observamos el mundo. La primera es el conocimiento silencioso, el intento, el espíritu, lo abstracto, y nadie lo puede describir, sólo experimentar.

El trabajo del guerrero es luchar contra la segunda parte, ese "yo individual" que ha impedido que el ser humano desarrolle todo su poder. Don Juan dice que el movimiento y fijación del punto de encaje que mantiene el ser humano moderno es lo que lo ha convertido en un egocéntrico homicida que ha quedado entrampado en la absorción de la imagen de sí mismo. Desconectándole del mundo que le rodea, es capaz de destruir el medio ambiente, a los demás seres vivos y aún atentar contra su propia supervivencia.

Al cambiar de la posición habitual del punto de encaje, entre otras cosas, el guerrero obtiene un estado que se podría llamar "el no tener compasión". El no tener compasión no significa ser cruel y despiadado con los demás.

“Los brujos están convencidos de que la posición del punto de encaje es lo que hace del

hombre moderno un egocéntrico homicida, un ser totalmente atrapado en su propia imagen. Habiendo perdido toda esperanza de volver al conocimiento silencioso, el hombre busca consuelo en su yo individual. Y al hacerlo consigue fijar su punto de encaje en el lugar más conveniente para perpetuar su imagen de sí. Por lo tanto, los brujos pueden afirmar con toda seguridad que cualquier movimiento que alejara el punto de encaje de su posición habitual equivale a alejarse de la imagen de sí y, por consiguiente, de la importancia personal.

Don Juan definió la importancia personal como la fuerza generada por la imagen de sí. Reiteró que es esa fuerza la que mantiene el punto de encaje fijo en donde está el presente. Por este motivo, la meta de todo cuanto hacen los brujos es el destronar la importancia personal.

Explicó que los brujos habían desenmascarado a la importancia personal, encontrando que es, en realidad, la compasión por sí mismo disfrazada.

—No parece posible, pero así es —me aseguró—. El verdadero enemigo y la fuente de la miseria del hombre es la compasión por sí mismo. Sin cierto grado de compasión por sí mismo, el hombre no podría existir. Sin embargo, una vez que esa compasión se emplea, desarrolla su propio impulso y se transforma en importancia personal...

Prosiguió con su explicación, diciendo que los brujos están absolutamente convencidos de que, el espíritu, al mover nuestro punto de encaje, alejándolo de su posición habitual, nos hacía alcanzar un estado de ser que sólo podríamos llamar "el no tener compasión".

Dijo que los brujos saben, gracias a su experiencia práctica, que en cuanto se mueve el punto de encaje se derrumba la importancia personal, porque sin la posición habitual del punto de encaje, la imagen de sí pierde su enfoque. Sin ese intenso enfoque se extingue la compasión por sí mismo y con ella la importancia personal, ya que la importancia personal es sólo la compasión por sí mismo disfrazada...

La guerra para el brujo es la lucha total contra ese yo individual que ha privado al hombre de supoder..." C.C.

LOS REQUISITOS DEL INTENTO

Romper La Imagen De Sí

Don Juan dice que lo único que hizo con Castaneda fue que éste destruyera su imagen de sí mismo; esa es la única ayuda real que Castaneda recibió de Don Juan; si acaso, enseñarle que el mundo es algo más, que lo que está ahí enfrente, y que el ser humano posee inconmensurables poderes que no desarrolla. La toltequidad no es cuestión de palabras e ideas, es cuestión de actos y percepciones de energía.

Don Juan le dice a Castaneda que la Toltequidad es una aventura al principio, a la esencia de la humano. Que en ese camino en verdad, no se necesita maestro, gurú o método. Simple y sencillamente acotar al límite al ego. Reducir sensiblemente la importancia personal, deshacernos de los apegos, ser humilde y vivir impecablemente. Sea un ser humano común o un aprendiz de guerrero.

Lo que requiere un aprendiz es tan sólo una mínima oportunidad de llegar a tener conciencia del espíritu; conciencia de que el mundo es un todo de energía y que el ser humano es un "huevo luminoso" con un delicado capullo que contiene una mínima parte de la energía que hay afuera; que el ser humano percibe "el mundo" a partir de que alinea la energía de afuera con la interior, y que a eso se le llama "el punto de encaje"; que la importancia personal requiere un gasto extremo de energía para fijar el punto de encaje en un lugar determinado del capullo y que sí reduce la importancia personal puede liberar energía, y que con esa energía liberada puede mover el punto de encaje y que a eso se le llama "intento", y que el intento es hacer que los comandos del Águila puedan dirigirse con intención propia; y que al hacer esto se crea un vínculo con el espíritu que puede lanzar al guerrero a la tercera atención, a consumirse en el fuego interno, a recibir el "don del Águila", a la libertad total, a la conciencia total; que para cada uno de estos niveles los nuevos videntes toltecas han elaborado, a partir de los conocimientos milenarios de los antiguos videntes toltecas, una estrategia que llamaron "el camino del guerrero" que, a su vez, tiene diversas técnicas, pero que la mayoría tratan por diversos medios de liberar la imagen que tiene el aprendiz de sí mismo y que no es otra cosa que mover el punto de encaje.

La Toltequidad es un viaje de retorno al espíritu, a lo abstracto, al conocimiento silencioso. La humanidad hace mucho tiempo tenía su centro en lo abstracto y el guerrero debe luchar inflexiblemente para regresar a él. Los guerreros y las personas comunes no necesitan maestros, guías o ayudas. Todo empieza en ellos, está en ellos y termina en ellos. Lo importante es que el individuo esté consciente de sus posibilidades, que posea una disciplina férrea, que mantenga un esfuerzo sostenido y un intento inflexible. Su campo de batalla está en el mundo cotidiano y el enemigo a vencer es él mismo.

Nuestros abuelos toltecas lo decían poéticamente a través de la lucha que debían entablar los guerreros jaguares y los guerreros águilas en la guerra florida, para hacer "florecer su corazón". Estos hombres de aquellas épocas se llamaban a sí mismos "la hermandad del Sol" o "la hermandad blanca". Eran los sostenedores espirituales del quinto Sol, los alimentadores del Águila—Sol, con su sacrificio espiritual.

La imagen que tiene el ser humano moderno de sí mismo, es lo que lo ha alejado de lo abstracto, del espíritu. El mundo de la imagen de sí mismo es el mundo de la mente, por cierto muy frágil. El mundo de la mente se sostiene por unas cuantas ideas claves que le sirven de orden básico y son ideas aceptadas tanto por el conocimiento silencioso como por la razón.

Cuando esas ideas fracasan, el orden básico se derrumba, dejando de operar.

Una de esas ideas claves es que somos un bloque sólido, que somos inmutables. La mente puede aceptar que nuestra conducta pueda cambiar, que nuestra forma de pensar y actuar también cambien; pero la idea de que podamos cambiar nuestro aspecto físico hasta llegar a parecer otra persona o transformarnos en un animal, no forma parte del orden básico de nuestra propia imagen. Cuando el guerrero tolteca altera o interrumpe este orden básico, el mundo de la razón se desploma.

Los seres humanos somos infinitamente más complejos y misteriosos así como el mundo que nos rodea que la más desarrollada fantasía que se pueda concebir. El problema de ser racional enfrenta muchas desventajas; en principio, porque el mismo hombre moderno no usa su racionalidad en toda su dimensión; bástenos ver el caótico mundo contemporáneo en el que vivimos, que dista mucho de llevarse en forma racional. Y, por otra parte, nuestra razón es muy limitada frente al inconmensurable misterio de la vida y del mundo. El ser humano debería ser más humilde con su razón y usarla en forma más eficaz. La razón es muy frágil y limitada. Don Juan sostiene que la razón es un barniz, un baño de oro muy tenue sobre el hombre que, si se rasca levemente, se encontrará a un brujo.

"—Como ya te lo he dicho —prosiguió don Juan—, la brujería es un viaje de retorno.

Retornamos al espíritu, victoriosos, después de haber descendido al infierno. Y desde el infierno traemos trofeos. El puro entendimiento es uno de esos trofeos.

Le dije que la dicha serie de acciones parecía muy fácil y simple, en palabras, pero que, cuando se trataba de llevarla a cabo, uno se encontraba que era la antítesis de la facilidad y la simpleza.

—La dificultad en llevar a cabo esta simple serie —dijo— es que casi nadie está dispuesto a aceptar que necesitamos muy poco para ejecutarla. Se nos ha preparado para esperar instrucciones, enseñanzas, guías, maestros. Y cuando se nos dice que no necesitamos de nadie, no lo creemos. Nos ponemos nerviosos, luego desconfiados y finalmente enojados y desilusionados. Si necesitamos ayuda no es en cuestión de métodos, sino en cuestión de énfasis. Si alguien nos pone énfasis en que necesitamos reducir nuestra importancia personal, esa ayuda es real.

"Los brujos dicen que no deberíamos necesitar que nadie nos convenza de que el mundo es infinitamente más complejo que nuestras más increíbles fantasías. Entonces ¿por qué somos tan

pinches que siempre pedimos que alguien nos guíe, si podemos hacerlo nosotros mismos? Qué pregunta, ¿eh?..." C.C.

EL TERCER PUNTO

Para el hombre, ser humano racional, es imposible aceptar que es una carga energética y no un cuerpo sólido; además, que pueda ser un “huevo luminoso” y que en él, exista un punto invisible donde las emanaciones de afuera se alineen con las de adentro y que esto produzca la percepción del mundo. Aun cuando por alguna razón lo aceptara, no podría creer que no estuviera en el cerebro.

El ser humano racional, percibe el mundo a través de las ideas y por eso actúan sus pensamientos y no vive sus actos. La persona se encierran en sus ideas y en la imagen que crea de sí mismo y del mundo; encerrarse de esta manera garantiza su estado de ignorancia al privarse del desarrollo de todas sus potencialidades.

Las personas creen que la brujería es cuestión de encantamientos y hechicerías y no la libertad de percibir, además del mundo de la razón, un inconmensurable campo de percepciones que entran dentro del espectro de posibilidades humanas.

El intento inflexible es una determinación, una firmeza de propósito claramente definido que no puede ser cancelado por deseos o intereses en conflicto. Esta fuerza engendra el "intento" cuando mantiene al punto de encaje en un lugar no habitual. El intento inflexible genera nuevas posiciones del punto de encaje que, a su vez, genera más intento inflexible.

Los guerreros toltecas perciben sus acciones con mayor profundidad, de manera tridimensional, ya que sus puntos referenciales provienen de la percepción sensorial. Lo que es inmediato para nosotros y no lo es, de aquí se desprende todo lo demás. El tercer punto referencial del guerrero es la libertad de percepción. Es el salto mortal de la razón a lo inconmensurable, a lo milagroso, a lo fantástico. Es la acción de negar más allá de nuestros límites normales para poder percibir lo inconcebible; atestiguar y regresar, sin lesionar a nuestra delicada e imprescindible racionalidad, base y sustento de lo que somos como hombres, pero, al mismo tiempo, nuestro gran lastre para ir más allá de lo habitual y común.

"—El brujo percibe sus acciones con profundidad —dijo—. Sus acciones son

tridimensionales. Los brujos tienen un tercer punto de referencia.

—Nuestros puntos de referencia son obtenidos primariamente de nuestra percepción sensorial —explicó él—. Nuestros sentidos perciben y diferencian lo que es inmediato para nosotros y lo que no lo es. Usando esta distinción básica derivamos el resto.

—A fin de alcanzar el tercer punto de referencia uno debe percibir dos lugares al mismo tiempo —me explicó...

"El tercer punto de referencia es la libertad de la percepción; es el salto mortal del

pensamiento a lo milagroso; es el acto de extendernos más allá de nuestros límites para tocar lo inconcebible..." C.C.

EL MANEJO DEL INTENTO

Los Dos Puentes De Una Sola Mano

Las etapas que pasa un guerrero por la senda del conocimiento son cuatro, y éstas están en referencia a su vínculo con el espíritu. La primera es cuando tiene un vínculo herrumbroso y, por consiguiente, desconfiable. La segunda cuando se logra limpiar el vínculo. La tercera cuando se aprende a manejarlo. La cuarta cuando se aprende a aceptar los designios de lo abstracto.

Para Don Juan el conocimiento silencioso y la razón son un puente de una sola mano llamado "interés". Los hombres del "conocimiento silencioso", no mantienen un interés genuino por conocer la fuente de su saber. Otro puente de una sola mano es el “puro entendimiento”; es decir, que la razón, por más que sea, no es sino un granito de arena en un desierto.

“El viejo nagual le dijo a don Juan que la conexión entre el conocimiento silencioso y la razón era, para los brujos, como un puente de una sola mano, llamado, "interés". Es decir, el interés que los auténticos hombres del conocimiento silencioso tenían por la fuente de lo que sabían. Y el otro puente de una sola mano, que conecta la razón con el conocimiento silencioso, es llamado el "puro entendimiento". Es decir, lo que le dice al hombre de razón que la razón es solamente como una estrella en un infinito de estrellas...” C.C.

INTENTAR APARIENCIAS

El hombre es una carga energética contenida en su capullo; la conciencia proviene de la presión que ejercen las emanaciones del Águila —tanto las externas como las internas— en un sitio determinado del capullo llamado "punto de encaje".

En la vida cotidiana el guerrero percibe sus actos a través del punto de encaje. Cuando el hombre común se percibe con la razón, es un cúmulo de ideas, recuerdos y aspiraciones. El guerrero se percibe como una carga de energía a través de su punto de encaje. El ser humano racional experimenta a través de sus ideas, y el guerrero a través del punto de encaje y sus diferentes posiciones. Para un guerrero la información se almacena en la propia experiencia, o sea, en el lugar que estaba el punto de encaje cuando vivió el evento; por eso, cuando mueve su punto de encaje al lugar donde estaba cuando sucedió el evento, el guerrero vuelve a revivir la experiencia, y a eso le llama "acordarse".

Los guerreros toltecas almacenan información a través de la intensidad del movimiento del punto de encaje; creemos que de esta manera Castaneda escribe su obra, como dijimos anteriormente, como un acto de brujería.

Con el fin de protegerse del desbordante efecto de la percepción, los guerreros usan el acecho, ya que éste mueve el punto de encaje en forma leve, pero constante, y esto le permite al guerrero reforzarse. El "desatino controlado", producto del acecho, es el medio por el cual el guerrero puede tratar con el conocimiento silencioso y con el mundo cotidiano sin el temor de embarrarse y sucumbir. Don Juan dice que el hombre tiene un poderoso "lado oscuro y siniestro", pero que no es otra cosa que nuestra "estupidez".

La Toltequidad o Toltecáyotl ha tenido muchas etapas, grandes descubrimientos, pero también grandes fracasos y muchos linajes diferentes. Ahora el conocimiento se mantiene en niveles de impecabilidad. Personalmente no sabemos por qué se abre en estos momentos al mundo cotidiano, pero estamos seguros que debe ser por una poderosa razón que Castaneda no ha explicado en sus libros o probablemente tampoco lo sepa y sólo cumpla con los "designios del poder".

Lo cierto es que la Toltequidad ahora no cuenta con ritos, religiones o edificios construidos a la morbidez y a la obsesión, ni cuenta con maestros para desarrollar el culto a la importancia personal. Don Juan dice que él no es maestro de nadie y que nada se puede enseñar de la brujería y que nadie necesita de maestros, gurús o guías; que el conocimiento está ahí, para el que tenga suficiente energía o sepa cómo ahorrarla. En todo caso la labor de un nagual es dirigir y desarrollar a la conciencia para que penetre en lo abstracto, libre de cargas e hipotecas.

Don Juan da un ejemplo muy claro y sencillo de lo que es la Toltequidad cuando dice que la conciencia de ser podría ser una inmensa casa y que la conciencia de la vida cotidiana del hombre común es como estar herméticamente encerrado en un solo cuarto de esa gran casa durante toda la vida. Don Juan dice que los seres humanos entran y salen de ese cuarto por dos aberturas mágicas que son: el nacimiento y la muerte.

Los antiguos videntes toltecas descubrieron la manera de salir de ese cuarto sin tener que morir, pero tan sólo para pasar a otra habitación de la gran casa. Los nuevos videntes toltecas obtuvieron un logro todavía más importante: lograron conocer el secreto de cómo salir no sólo de la habitación y perderse en la inmensidad de la casa, como les pasó a los antiguos videntes, sino llegar a la conciencia total, a la libertad total; es decir: ¡salir de la misma casa! Y entrar a lo inconmensurable.

"—La experiencia de los brujos es tan descabellada —dijo don Juan— que ellos

acostumbran a acecharse a sí mismos con ella, haciendo hincapié en el hecho de que somos perceptores y de que la percepción tiene muchas más posibilidades de las que puede concebir la mente.

"A fin de protegerse de esa inmensidad de la percepción —continuó—, los brujos aprenden a mantener una mezcla perfecta de no tener compasión, de tener astucia, de tener paciencia y de ser simpáticos. Estas cuatro bases están entrelazadas de modo inextricable. Los brujos las cultivan intentándolas. Estas bases son, naturalmente, posiciones del punto de encaje...
Te he hablado de la ruptura de la imagen de sí, el alcanzar el sitio donde no hay

compasión, y el llegar al conocimiento silencioso; y de los estados de ánimo que les dan seriedad. El manejo del intento es algo más velado, es el arte del acecho en sí, es la impecabilidad...

—Claro que tenemos un lado oscuro —dijo—. Matamos por capricho, ¿no es cierto? Quemamos gente en el nombre de Dios. Nos destruimos a nosotros mismos; aniquilamos la vida en este planeta; destruimos la tierra. Y luego nos ponemos un hábito y el Señor nos habla directamente. ¿Y qué nos dice el Señor? Nos dice que si no nos portamos bien nos va a castigar. El Señor lleva siglos amenazándonos sin que las cosas cambien. Y no porque exista el mal, sino porque somos estúpidos. El hombre sí que tiene un lado oscuro, que se llama estupidez...

Tras un momento de pausa, don Juan explicó que en la misma medida en que el rito obliga al hombre común y corriente a construir enormes iglesias que son monumentos a la importancia personal, también obliga a los brujos a construir edificios de morbidez y obsesión. La tarea de todo nagual es, por lo tanto, guiar a la conciencia para que vuele hacia lo abstracto, libre de cargas e hipotecas.

—El ritual puede atrapar nuestra atención mejor que ninguna otra cosa —dijo—, pero

también exige un precio muy alto. Ese precio es la morbidez; y la morbidez podría cobrar altísimas cargas e hipotecas a nuestra conciencia de ser..." C.C.

EL BOLETO PARA IR A LA IMPECABILIDAD

Don Juan le cuenta a Castaneda una de las historias de los centros abstractos de poder más conmovedoras. Don Juan le relata como dejó a su nagual y huyó en busca de una libertad mal entendida.

En este viaje hacia el Norte, Don Juan cuenta como se enamoró de una mujer y sus hijos perdiendo en menos de un año todo lo aprendido en casa de su nagual. Tuvo que aprender que un brujo no se puede ligar a las personas comunes y corrientes, porque el precio es muy alto. Don Juan tuvo que pagar con su vida el haber perdido la oportunidad de ir a lo inconmensurable. Tuvo que morir para que el espíritu le diera "un nuevo boleto", otra oportunidad. El boleto para ir a la impecabilidad.

Al final, Don Juan insiste en que todo se basa en el movimiento del punto de encaje y que para ello es necesaria la energía que se ahorra y después se recanaliza a través de la impecabilidad. Eso es todo, parece muy simple y sin embargo, es muy difícil lograrlo.

El problema del ser humano común y del guerrero es él mismo; el problema se reduce al uso y ahorro de la energía. Don Juan dice que el hombre moderno intuye sus recursos internos, pero no se atreve a usarlos; su mal viene del contrapunto entre su estupidez y su ignorancia.

Don Juan dice que ahora, más que nunca, el hombre necesita aprender nuevas ideas que tengan que ver con su mundo interior, ideas relativas al ser humano frente a lo desconocido, frente a su muerte personal. Don Juan dice que, como nunca, el ser humano ahora necesita conocer lo que es la impecabilidad y los secretos del punto de encaje.

"—La impecabilidad, como tantas veces te lo he dicho, no es moralidad —me dijo—. Sólo

parece ser moralidad. La impecabilidad es, simplemente, el mejor uso de nuestro nivel de energía. Naturalmente, requiere frugalidad, previsión, simplicidad, inocencia y, por sobre todas las cosas, requiere la ausencia de la imagen de sí. Todo esto se parece al manual de vida monástica, pero no es vida monástica.

"Los brujos dicen que, a fin de tener dominio sobre el movimiento del punto de encaje, se necesita energía. Y lo único que acumula energía es nuestra impecabilidad...
La verdadera dificultad no está en mover el punto de encaje ni en romper la continuidad.

La verdadera dificultad está en tener energía. Si se tiene energía, una vez que el punto de encaje se mueve, cosas inconcebibles están al alcance de la mano.

Don Juan explicó que el aprieto del hombre moderno es que intuye sus recursos ocultos, pero no se atreve a usarlos. Por eso dicen los brujos que el mal del hombre es el contrapunto entre su estupidez y su ignorancia. Dijo que el hombre necesita ahora, más que nunca, aprender nuevas ideas, que se relacionen exclusivamente con su mundo interior; ideas de brujo, no ideas sociales; ideas relativas al hombre frente a lo desconocido, frente a su muerte personal. Ahora, más que nunca, necesita el hombre aprender acerca de la impecabilidad y los secretos del punto de encaje.

—El ser devorado por el monstruo era algo simbólico —replicó el nagual Julián, en voz baja—. El verdadero monstruo es tu estupidez. Ahora mismo estás en peligro mortal de ser devorado por ese monstruo..." C.C.