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El Tesoro de la Juventud (1911)
El libro de la Poesía, Tomo 17
Paráfrasis Bíblica
 de Fray Luis de León

Nota: se ha conservado la ortografía original.


PARÁFRASIS BÍBLICA

La contemplación de las maravillas que la mano creadora sembró con tan admirable profusión en la morada del hombre, inspiró al Real Profeta este magnífico canto de alabanza, que Fray Luis de León parafrasea con la maestría y tino que puede verse a continuación.

 
ALABA, oh alma, a Dios: Señor, tu alteza
¿Qué lengua hay que la cuente?
Vestido estás de gloria y de belleza,
Y luz resplandeciente.

Encima de los cielos desplegados
Al agua diste asiento;
Las nubes son tu carro, tus alados
Caballos son el viento;

Son fuego abrasador tus mensajeros,
Y trueno, y torbellino:
Las tierras sobre asientos duraderos
Mantienes de contino.

Las mares las cubrían de primero
Por cima los collados,
Mas, visto de tu voz el trueno fiero,
Huyeron espantados.

Y luego los subidos montes crecen,
Humíllanse los valles,
Si ya entre sí hinchados se embravecen,
No pasarán las calles;

Las calles, que les diste, y los linderos,
Ni anegarán las tierras;
Descubres minas de agua en los oteros,
Y corre entre las sierras;

El gamo, y las salvajes alimañas
Allí la sed quebrantan;
Las aves nadadoras allí bañas,
Y por las ramas cantan.

Con lluvia el monte riegas de tus cumbres,
Y das hartura al llano:
Ansí das heno al buey, y mil legumbres
Para el servicio humano.

Ansí se espiga el trigo, y la vid crece
Para nuestra alegría:
La verde oliva ansí nos resplandece,
Y el pan de valentía.

De allí se viste el bosque y la arboleda,
Y el cedro soberano,
A donde anida la ave, a donde enreda
Su cámara el milano.

Los riscos a los corzos dan guarida,
Al conejo la peña;
Por ti nos mira el sol, y su lucida
Hermana nos enseña.

Los tiempos tú nos das, la noche oscura,
En que salen las fieras,
El tigre, que ración con hambre dura
Te pide, y voces fieras.

Despiertas el aurora, y de consuno
Se van a sus moradas:
Da el hombre a su labor sin miedo alguno
Las horas sitiadas.

¡Cuán nobles son tus hechos, y cuán llenos
De tu sabiduría!
Pues ¿quién dirá el gran mar, sus anchos senos
Y cuántos peces cría?

¿Las naves que en él corren, la espantable
Ballena que le azota?
Sustento esperan todos, saludable
De ti, que el bien no agota.

Tomamos, si tú das; tu larga mano
Nos deja satisfechos.
Si huyes, desfallece el ser liviano:
Quedamos polvo hechos.

Mas tomará tu soplo, y renovado
Repararás el mundo,
Será sin fin tu gloria, y tú alabado
De todos sin segundo.

Tú que los montes ardes, si los tocas,
Y al suelo das temblores,
Cien vidas que tuviera, y cien mil bocas
Dedico a tus loores.

Mi voz te agradará, y a mí este oficio,
Será mi gran contento:
No se verá en la tierra maleficio.
Ni tirano sangiento.

Sepultará el olvido su memoria:
Tú, alma, a Dios da gloria.