Página:Traducciones poeticas.djvu/29

Esta página ha sido validada
XXVII
INTRODUCCIÓN

se escribió, dándole nueva forma métrica, la Canción á las Ruinas de Itálica, de Rodrigo Caro, ó la Silva á la Zona Tórrida, de Bello, supuesto que una buena traducción no es otra cosa que una especie de refundición. Puede, por tanto, aplicarse á esta labor lo que, refiriéndose á los eximios expositores, dijo el Brocense en el pasaje que sirve de epígrafe á esta prefación.

Desgracia grande es para las ciencias morales y políticas—dice Herbert Spencer[1]—que sean á menudo discutidos sus problemas, por personas que no se han tomado el trabajo de aprender sus rudimentos. Lo propio (y ya lo notó Horacio) [2]sucede, con más generalidad y mayor desenfado, en todo lo que á la poesía se refiere, siendo frecuente que califique versos quien no acertaría á decir en qué se diferencian los buenos de los malos,

  1. Oportunamente citado por Mr. Tevons, en el prefacio de su interesante obra sobre la moneda.
  2. Qui studet optatam cursu contingere metam
    Multa tulit, fecitque puer, sudavit et alsit,
    Abstinuit venere et vino; qui Pythia cantat
    Tibicen, didicit prius extimuitque magistrum.
    Nunc satis est dixisse: " Ego mira poemata pango;
    Occupet extremum scabies; mihi turpe relinqui est,
    Et quod non didici, sane nescire fateri!"

    De Art. Poet. 413-8.

    Y en otro lugar:

    Navem agere ignarus navis timet: abrotonum aegro
    Non andet nisi qui didicit, dare; quod medicorum est
    Promitunt medici; tractant fabñlia fabri;—
    Scribimus indocti doctique poemata passim!

    Epist., ii, i, 114-7