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JUICIO LITERARIO


Á veces la historia suele padecer omisiones inexplicables, que son recogidas y salvadas por la tradición, ese eco simpático que, reflejando, resucita el pasado al exhibir sucesos y protagonistas de segunda fila, los cuales por su fácil asimilación hieren con vehemencia á la masa popular que les diera origen.

Así, en las noches tenebrosas del Océano, sea bajo la palmera que se abanica en el arenal abrasador, ó ya á la fresca sombra del ombú en la pampa solitaria —viajando á bordo de velero sorprendido por falta de viento en los trópicos, ora sobre la giba de tardo camello ó en el lomo de pisador encalmado, —el marino supersticioso, tanto como el árabe fanático, ó nuestro gaucho indomable, son gratamente abstraídos por el imán del cuentista de casos y tradiciones, el que, hermanando su fantasía á una memoria feliz, esmalta reminiscencias en pos de las cuales las horas con ligera danza, ahuyentando la monotonía, se deslizan placenteras é insensibles.

Como es sabido, en la primera edad del mundo los hombres no escribían; apenas conservaban el recuerdo de los hechos por la tradición oral, y cuando faltaba la memoria, era suplida con creces por una imaginación fecundísima y vivaz.

Esto demostraría que la tradición entra como parte esencial en las costumbres de los humanos, tan propensos á lo sobrenatural y siempre ganosos de escuchar y acoger con deleite lo extraordinario, lo maravilloso, aquello que, preocupando la imaginación, llena el alma de espanto. Por eso eran considerados los cuenteros de oficio, distinguiéndose por su traje bermejo en la corte de Florencia, y ha sobrevivido á los siglos lo que relata Virgilio de la noche infausta de Troya....