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COMISION CONSERVADORA

de Chile, [1] he encontrado los adjuntos versos, que me han parecido dignos de la publicidad [2] i mui a propósito en la ocasion presente. Son obra de un excelente literato i gran patriota chileno don Camilo Henríquez, que mereció la especial predileccion del ilustrado Gobierno de Buenos Aires [3] i a quien su distinguido mérito no puso al abrigo de las preocupaciones [4] en su país donde por desgracia hai una faccion [5] permanente que no cesa de vilipendiar todo lo que hace mas honor [6] a su Patria, como lo acaba de ver con escándalo el público de Lima. [7]


  1. Falso, falsísimo. Papeles, con los que se daban dias a O'Higgins, no podían estar en otro poder que en el suyo. El solo es capáz de conservar tan ridiculas frivolidades, que cualquier otro hombre arroja en igual caso tan luego como las lee.
  2. A O'Higgins i a Mora únicamente puede parecer dignas de la publicidad, cosas tan despreciables, i que todo hombre de mediana delicadeza, tiene pudor de manifestar aun en privado.
  3. Cuando el doctor Henríquez l.legó a Buenos Aires en Noviembre de 1814, estaba a la cabeza del Gobierno con el título de Supremo Director don Jervasio Posadas, a quien sucedió el vencedor de Montevideo i después de Ituzaingo don Cárlos María Alvear. Secretario de ambos fueron en el departamento de Gobierno don Nicolao Herrera, entendimiento de primer órden; en el de Hacienda el economista don Juan Larrea, i en el de la Guerra el respetable anciano Jeneral Viana. En la Asamblea Lejislativa se hallaban el orador Gómez i los jurisconsultos Vieytes, Diaz, Velez, Agrelo etc., etc., etc. Los mas escojidos talentos i los hombres mas desinteresados de las provincias arjentinas estaban al frente de aquella administracion. Si no la derroca un tumulto militar, la inmortal Buenos Aires no hubiera sufrido la desgracia de que el Ejército real triunfase en Sipesipe de sus lejiones patrióticas al mando del Jeneral Rondeau i talvéz contaría hoi la gloria de haber llevado su pabellon triunfante hasta el istmo de Panamá. Alvear lo pensaba i era capáz de hacerlo. Luego que el doctor Henríquez se presentó, todos los individuos de la administracion i los masones republicanos acojieron con la mas tierna afeccion al filósofo que bajo el hábito de la Buena Muerte, donde se habia educado, huía con la resignacion de la mas sana moral cristiana, de la tiranía española que el pértido O'Higgins, por una ignominiosa capitulacion i por haber derramado a torrentes la sangre de sus conciudadanos, habla introducido en su Patria. Alvear le obsequió doscientos o trescientos pesos por un informe que a su solicitud le presentó de las causas que especialmente habían influido en la precipitada pérdida de Chile i siempre le dispensó su proteccion desde el puesto que ocupaba. Su sucesor quitó al doctor Camilo la Gaceta, único recurso con que contaba para subsistir, porque no consiguió se retractase de la impugnacion con que en otro papel público que llevaba bajo el título de Observaciones había atacado una providencia del Gobierno, por la que se separó a los relijiosos Beletmitas de la administracion de los bienes i rentas pertenecientes a su hospital para ponerlo en manos de dos o tres seculares. Esta medida obligó a nuestro filósofo a emigrar a la Banda Oriental donde sufrió algunas privaciones. Luego si el doctor Camilo mereció especial predileccion del ilustrado Gobierno de Buenos Aires componiéndose este de Alvear, Herrera, Larrea i Viana, no son tales malvados, como lo dice Irizarri en su carta a El Observador, i lo han publicado O'Higgins i Mora en El Mercurio de 4 del presente. Luego estos tres son unos viles calumniantes i los dos últimos por su propia confesion. Si estas letras llegan a manos del señor Alvear, como lo espero, sabrá volver por su honor i por el de sus amigos los Carreras.
  4. Serian las del período del abominable Mando de O'Higgins. Camilo las miró siempre con horror i por eso no quiso regresar a Chile hasta que en Mayo de 1822 por haberle llamado con instancia el mismo O'Higgins, atormentado de sus urjencias emprendió su viaje, resuelto a trabajar por la libertad de su Patria i por eso daría principio con su oda para asegurarse la confianza del tirano i encaminarle a lo que debía, i fué el oríjen, dígase lo que se quiera, de su caida. Camilo tambien era conforme con la máxima de otro sacerdote francés que decía: —mas bien quiero lisonjear a los malvados que verme insulta 10 por ellos. Carrera apreció siempre muchísimo a Camilo como todos los chilenos. Le asignó seiscientos u ochocientos pesos por la redaccion de La Aurora primer periódico de Chile, dejando a su entera libertad la eleccion de las materias que tuviese por conveniente tratar; i por su influencia entró de Senador; jamás le hizo el menor mal. Sien Julio de 1814 se le retiró por quince dias a Apoquindo, finca de los Recoletos Dominicos, fué como con su acuerdo i porque no lo comprometiesen los sectarios de O'Higgins en la agresion de éste contra la capital. Camilo tenia siempre presente lo mui bien que le habían tratado los relijiosos; i como hombre tambien de hábito no le eran incómodos el silencio i las costumbres del claustro. En nuestras escaseces de Buenos Aires me solía decir ¡qué bueno, si nos dejara el quietos en Apoquindo! A Carrera le apreciaba mucho i por ayudar, consultando al mismo tiempo su propia economía, que jamás descuidaba a su señora en sus intinitas urjencias, que le obligaban, para dar el pan a sus tiernas hijas, a coser camisas, talvéz con mas teson que una costurera de oficio. Camilo vivió en su casa hasta que ella pasó a Montevideo a reunirse con su marido. Mientras esta desgraciada señora sufría mil privaciones, su madre era desterrada de Chile a Mendoza por O'Higgins, sin la menor consideracion a su ancianidad i a su achacosa salud. A Carrera le secuestraba sus bienes patrimoniales, i le vendía por menos precio los ganados de su hacienda a don Diego Barros, para con sus productos, como con las rentas, hacer su fortuna particular. En esto no se descuida. El conventillo perteneciente a los franciscanos se lo apropió, lo cultivó, edificó i adelantó con los prisioneros realistas, sin gastar un centavo; lo llamaba en liempo de su Mando su casa de campo, i después lo vendió al Jeneral Blanco en veinte mil pesos, segun oí decir. ¡Perverso! i todavía tiene la osadía de estar atentando contra la tranquilidad de Chile con la criminal esperanza de que algun dia un motin militarle coloque en el Gobierno! Si es hombre de bien ¿i por qué no detalla como yo todo lo con que pretende acriminar i defenderse? Los hechos históricos son los mas sólidos i mejores argumentos!
  5. La mui inicua O'Higginiana, en el abominable período de seis años, hecho profundas raices por las grandes maldades que ligan a todos los sectarios. Si hai otra, pueden nombrarla O'Higgins i Mora i todo Chile le declarará que yo no pertenezco a ella. Jamás he sido faccioso. Siempre he estado con la causa pública; i mas que se escandalicen los necios digo sin temor de ser desmentido que a nadie como a mi hermano Manuel i a mí ha dado el pueblo chileno testimonios públicos de su absoluta confianza, i de su tal cual mui honorífica estimacion. Si hai alguno que crea haber obtenido la preferencia en esta parte, puede levantar el dedo, que yo protesto responderle con hechos. Tales favores no conceden las Naciones a los facciosos. Manuel ni yo no hemos sido capitanes jenerales ni lejionarios, etc., etc. No hemos sido mas que Manuel i Cárlos, i con la misma familiaridad, que aprecio mucho sobre todo otro tratamiento. Solamente nos han distinguido nuestros ilustres paisanos.
  6. ¡O'Higgins todo lo que hace mas honor a Chile!!!
  7. Lo que ha visto i vé con escándalo el público de Lima es a un feroz malvado, queriendo engañar a todos con la mas refinada hipocresía, mientras que su maligno corazon está devorado del deseo ardiente de saciarse alevosamente en la sangre de los chilenos, i con el mayor asco la conducta de su mentor que ha identificado con él por un vil interés, i por la esperanza de volver a Chile a. El público de Lima siente tambien, que no se le hubiese recordado lo que ya se había impreso en Chile, estando allí O'Higgins, i lo que a su entrada en esta ciudad se reimprimió, como se comprueba del estrado de El Tizon Republicano, antes que se hubiese resuelto el asunto de la hacienda de Montalvan.