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SESION EN 6 DE NOVIEMBRE DE 1832

el cuadro de la historia de las Naciones, i contando con la buena fé que debe guiar nuestras operaciones, nos obliga a que con particularidad fijemos la vista en lo que ha obrado el orgullo desde que, despreciando la verdad de aquel principio i erijiéndose en filosofía, ha despojado a las costumbres de la facultad de formar las leyes fundamentales de los Estados, i al tiempo de la de su sancion.

Desde entonces todo se ha sujetado a las fórmulas, en cuya utilidad se han hecho jemir las prensas, i se ha hablado con ardor i entusiasmo en la tribuna, al mismo tiempo que se han puesto en ejercicio; todo ha sido reglado a las bellas teorías que abrumarán el entendimiento del que las examine imparcialmente, como las innumerables obras que las contienen, comprimen los estantes de nuestras Bibliotecas; sin temor alguno puede preguntarse ¿cuáles han sido los felices resultados que en ellas se han prometido, casi con la infalibilidad de un axioma matemático? Inútilmente se ha invocado en su elojio la fraseolojía que se llama principio; en vano se ha lisonjeado con las ideas halagueñas que envuelve el escepticismo que les es anexo para todo lo que les está en oposicion; si se juzga como se debe de los sistemas filosóficos, nada ha sido mas fatal que sus consecuencias. Por su medio se ha hecho a los hombres revolucionarios para hacerlos políticos; con su auxilio se ha producido el desorden en las sociedades aun ya constituidas; los continuos males que observamos acaecer frecuentemente en el órden social, lo comprueba todo; i aunque, para mantener la ilusion, se han comparado a los desbordes del Nilo que producen la fertilidad del Ejipto, en la sociedad nada se ha asemejado mas a estos aluviones que, haciendo desaparecer la tierra vejetal de los terrenos fértiles, los dejan cubiertos de guijarros i sembrados de quebrantados restos de vejetacion.

Estos fenómenos ocasionados incesantemente desde que se han puesto en ejercicio los prestijios que componen ahora la ciencia de la lejislacion, nos hacen ver que entre las causas que han concurrido con mas eficacia a la produccion de estos estragos, debe contarse el error de confiarlo todo a la escritura, de donde ha nacido la creencia de poder hacer constituciones. Esta máxima que, siempre funesta en sus resultados, por naturaleza debía ser un legado propio del orgullo i de la ignorancia, es la que ha llegado a producir esta especie de enfermedad moral, que aqueja a los Estados, i que, para mayor desgracia, ni la ilustracion ha servido de cordon sanitario. En el acceso de delirio que ha excitado, se ha visto que ni las luces han estado exentas de lo contajioso de la fiebre, pués, hemos observado que al tratarse de constituir un Estado, repetidas veces, aun los de recta intencion, i que se han mirado como los depositarios de los conocimientos, se han fascinado hasta el estremo de creer que unas hojas de papel ensuciadas con tinta, deben i pueden contener los fundamentos de la lejislacion de un país.

La Constitucion no puede ser escrita, porque siendo existencia i naturaleza ni una ni otra pueden escribirse; escribir la Constitucion es desbaratarla, como decretar la existencia del Ser Supremo es estinguir la fé, ha dicho un sabio escritor de nuestros dias. [1] De la verdad de este principio es de donde nace que todas las que hasta ahora se han escrito, en ninguna de ellas se ha podido ni se podrá jamás prohibir lo perjudicial ni prescribir lo necesario o lo verdaderamente constitucional. De aquí estos vacíos que se observan en la práctica i este vasto campo para las interpretaciones, porque nunca es tan claro lo que allí se ordena que no deje de admitirlas; de aquí la fuente que suministra recursos a los facciosos i a los malos gobernantes para de por sí o unidos mútuamente, tiranizar constitucionalmente a los pueblos; de aquí los cuerpos constituyentes a quienes se ha conferido la facultad de formar constituciones, hechos los talleres de piezas teatrales que el Ejecutivo encargado de su representacion casi siempre las ha silbado el primero en la prueba, cuando ellas de por sí no han excitado la risa por sus estravagancias; de aquí en fin las causas que han abortado i abortarán siempre las revoluciones, al mismo tiempo que servirán de obstáculo a los que quieran hacer el bien, cuando sus intenciones esten en oposicion con el veto de lo que se llame lei. Testigos de estos acontecimientos son todas las Naciones que hasta aquí, mirando a estos libros sibílicos como los fundamentos de su prosperidad, han confiado a sus pájinas las garantías de sus derechos; i comprobacion de lo contrario entre otras la antigua Roma antes que tuviese las leyes de las doce tablas, i esta sábia Inglaterra que ha hecho jerminar los bienes sociales a donde ha llevado su constitucion; los Estados Unidos a ella le son deudores de disfrutar de esta ventura, aunque se crea la deben a su constitucion federal escrita, i de una gran parte de la bárbara Notasia ha formado a vista de nosotros una poblacion que ya excede en ilustracion i comercio a la decrépita i atrasada España.

Apoyados en la evidencia de estos hechos, si ensanchamos los límites de nuestras observaciones hasta inquirir la causa en sus fundamentos, encontraremos que aquellos vicios provienen del oríjen mismo de las constituciones, que casi sin exceptuar alguna, todas ellas lo deben a una revolucion.

Siempre en este momento de convulsion i en medio de la efervescencia de los partidos, se les ha conferido la facultad de formarlas a los que triunfan, i cuando no se hayan valido de este medio para hacer leyes sus sentimientos particulares, así ellos o cuando hayan sido otros, no

  1. MR. D.E. BONALD. Teorie du pouver.